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BLOG DE DESARROLLO PERSONAL DE 
¿Te PREOCUPAS demasiado? Prueba esto

¿Te PREOCUPAS demasiado? Prueba esto

Deja de preocuparte

Reflexiones sobre la inutilidad del “preocuparse mucho” 


Preocupación


¿Alguna vez te has sentido impotente ante una situación en particular? ¿Cuántas veces te has pasado minutos/horas/días dándole vueltas a ese suceso ocurrido que no deja que pienses en otra cosa? ¿Has reaccionado con miedo ante la perspectiva de algo que aún no ha ocurrido pero que podría ocurrir?

¿Alguna vez te han paralizado literalmente estos sentimientos? Si la respuesta es “sí”, te interesa seguir leyendo.

Mira, los seres humanos tendemos a invertir demasiado tiempo y esfuerzo en engancharnos con vivencias pasadas traumáticas o conflictivas y el hecho de revivirlas hace que todos esos sentimientos se vuelvan a reproducir en el presente. Claro, es que las emociones siempre las provoca un pensamiento.

Del mismo modo, también nos atrae fantasear sobre futuros inciertos y/o catastróficos; en este sentido es muy habitual que ante todo el abanico de posibilidades futuras, centremos la atención en las más negativas: nada más desalentador y alejado de la realidad objetiva.

Fíjate que lo justo sería que por cada vez que nos preocupemos por lo peor que pueda pasar, también nos regocijemos por lo mejor que nos pueda ocurrir.

Pero no, no lo hacemos. Nos quedamos solo con lo malo. En este sentido solemos ser bastante injustos con nosotros mismos.


Zona de Acción Vs. Zona de Preocupación


Hoy me gustaría hablar sobre la diferencia entre tu zona de acción (o zona de influencia) y tu zona de preocupación.

La zona de preocupación es esa zona nebulosa y macabra en la cual solo parece que alimentemos la hoguera de la ansiedad y el miedo; cuando nos movemos en esta zona simplemente reaccionamos.

Por ejemplo, estás en medio de un atasco en un día lluvioso y llegas tarde a una reunión importante; ante esta perspectiva maldices (en voz alta, claro) a la lluvia y al resto de la humanidad por haber ido a parar al mismo sitio donde estás tú; también te pones a fantasear acerca de un despido fulminante por llegar tarde, despido que, sin duda, hará que vayas al paro y que nadie te contrate nunca más, haciendo que no puedas pagar las facturas y que finalmente mueras de hambre y también mates de hambre a tu familia.

Amigos, todo eso es extremadamente difícil de que pase. Casi imposible. La pregunta clave es: ¿en qué prefieres pensar? ¿Qué te aporta más serenidad y recursos en ese momento concreto?

La zona de acción o zona de influencia es todo aquello que está en tu mano para lidiar con la situación; no es solo lo que puedes hacer en el mundo exterior, si no también lo que puedes hacer a nivel interno, esto es, todo el pensamiento que puedes generar proactivamente de modo que siempre tengas tú el control de cómo te sientes, independientemente del temporal externo.

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En el ejemplo anterior, ¿cómo puedes moverte a tu zona de acción? Tal vez podrías hacer una llamada de teléfono para avisar que llegas tarde, usar ese tiempo “extra” para preparar mentalmente lo que ibas a exponer o apuntarte en tu agenda “salir de casa 30 minutos antes de la hora habitual si tengo una cita importante”. También puedes decirte: “vale, a cualquiera le puede pasar esto; lo mejor será mantener la calma para no empeorar las cosas”.

Recuerda: cuando te mueves en tu zona de preocupación, quieras o no, estás disminuyendo tu poder para influir positivamente en la situación. O dicho de otra manera: estás atrayendo a tu vida todas esas cosas que no deseas.


“Dar importancia a las cosas” Vs. “Preocuparte”


Quiero compartir una experiencia personal (y tremendamente intensa) contigo.

En julio del 2014 planeé unas vacaciones con mi pareja a Mérida (vivo en Oviedo). Por aquel entonces teníamos un coche pequeño de segunda mano y sin aire acondicionado; un coche de esos que triplicaba su valor cada vez que llenaba el depósito, vaya.

Bien, como el viaje era largo y Mérida no era precisamente un destino “fresco” en verano, quedé el día del viaje con mi padre para intercambiarnos los coches. Él claro, tenía un coche más grande, más nuevo y con ese deseado aire acondicionado. Total, quedamos a las 10:00 de la mañana y nos pusimos en ruta mi chica y yo rumbo a Mérida.

Me encontraba a la altura de León conduciendo cuando mi chica recibió una llamada de teléfono que le cambió la cara – ¿Qué pasa?-Le dije. Pero no contestaba.

¿Sabéis que había pasado? En ese preciso instante mi padre acababa de sufrir un infarto incompatible con la vida. 63 años, joven, no fumaba, ni bebía; tenía algún achaque propios de la edad pero vaya, en absoluto nada que hiciese a nadie temer por su vida.

Ante esta situación uno puede adentrarse en la zona de preocupación: ¿por qué a mí? ¿Qué será de mi madre? ¡Justo ahora que me empezaba a sonreír la vida! ¡No me lo merezco!

Otra opción es moverte en la zona de acción: bien – me dije a mí mismo. Lo primero, vayamos hacia donde ha pasado todo; ahora, ¿dónde está mi madre? (en estado de shock en ese momento), ¿lo saben mis hermanos y demás familiares cercanos? por supuesto, también cuidar de mi mismo: llorar, pedir ayuda, buscar consuelo.

avestruz

No estoy sugiriendo que la zona de acción sea huir de las situaciones o de los sentimientos.

De lo que se trata aquí es de que si la vida nos pone en una situación complicada, lidiemos única y exclusivamente con la situación en sí y no con ese abismo de “preocupaciones” que no nos dejan ver más allá de la situación en sí misma; lo importante es quedarte con la realidad en estado puro, centrarte y ponerte manos a la obra.

Piensa que por mucho que te preocupes no vas a cambiar absolutamente nada (para bien) de la realidad física. Nada. Cero. Ni un ápice. Desde un punto de vista puramente práctico los pensamientos reiterados de preocupación y miedo no sirven para nada.


Herramienta# Cómo salir de tu zona de preocupación


 La próxima vez que te enfrentes a una situación complicada y te encuentres solo preocupándote, te invito a que aportes consciencia a la situación y trates de responder a estas preguntas:

  • ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Qué pensamientos me ayudarían a sobrellevar la situación?
  • ¿Qué puedo aprender de esta situación? ¿Qué aprendizaje tiene esto que estoy sintiendo ahora?
  • ¿Qué puedo hacer para que esta situación no se vuelva a repetir en el futuro?
  • ¿Quién puede echarme una mano?  
  • Esto que estoy pensando o haciendo, ¿me aporta alguna solución o empeora las cosas? 

Desenvolvernos en la zona de acción nos llena de posibilidades prácticas y nos empodera. Caer en la zona de preocupación significa adentrarnos en el abismo del victimismo y de la falta de recursos.

Proactivo-Proactividad-Reactivo-Reactividad


Recuerda que por lo general la vida nos pone en situaciones para que podamos aprender; si vivimos una situación complicada y no aprendemos nada de ella, la vida es tan sabia que se encarga de ponernos de nuevo en el mismo sitio hasta que aprendamos.

Ley de vida.

Elige bien tus pensamientos la próxima vez: tu aprendizaje como ser humano está en juego.

Cómo pedir FEEDBACK

Cómo pedir FEEDBACK

Como pedir feedback

En tu vida profesional es crucial saber pedir  feedback


¿Cuál es el fin último de tu trabajo?


Un día hablando con un amigo me contaba que estaba indignado; resulta que había perdido un buen cliente que le estuvo encargando trabajos en los últimos 2 años: se había pasado a la competencia.

Tenías que verle: echaba sapos y culebras por su boca. Sin dejar de decir cosas como “No lo entiendo, todo parecía ir bien” incluso en algún momento acalorado se sintió merecedor de una explicación por parte de su cliente. “Es lo mínimo que tenía que hacer”- decía. Cliente, recordemos, que simplemente dejó de contar con él para nuevos trabajos.

Entonces voy yo y le digo: “Oye, tengo curiosidad, ¿cómo te estabas asegurando de que efectivamente le estabas aportando valor a ese cliente? ¿Cómo garantizabas que efectivamente quedaba satisfecho?”

Y se hizo el silencio.

En dos años de colaboración nunca jamás le había pasado una encuesta de satisfacción, nunca habían hablado de si el tipo de relación que estaba teniendo era la adecuada; jamás se cercioró después de cada trabajo si efectivamente lo que había hecho sirvió para el fin que buscaba su cliente.

Nunca. En dos años.

Ahora, te hago la siguiente pregunta: ¿para qué trabajas? ¿Para qué haces lo que haces? ¿Por qué razón alguien te tiene que recompensar con dinero con eso que haces?

Te doy la respuesta: tu misión es aportar valor. Por es cobras dinero. Haces lo que haces para solucionar algún problema, para facilitarle la vida a alguien, para mejorar algo en algún aspecto.

Es decir: tu trabajo solo es merecedor de ser remunerado si sirve para lo que supuestamente te han pedido. Y no solo eso: muchos clientes aprecian muchísimo además cómo de sencilla es tu relación con ellos o cuánto tiempo les ahorras.

Antes de seguir tenemos que llegar a este acuerdo: solo tiene sentido cobrar dinero si aportamos valor

 


Feedback Vs. Crítica constructiva


El siguiente paso es asegurarnos de que eso que hacemos cumple con la función para la cuál ha sido diseñado.

¿Cómo? Preguntándolo. Así de sencillo. El caso es que tras pedirle explicaciones a mi amigo acerca de las razones que le llevaron a no pedir feedback a su cliente me dijo algo así como: “Es que no te puedes fiar de las críticas de tus clientes, te volverías loco”. 

Caramba. Pensé. Osea que tienes un cliente, le tratas de aportar y no te puedes fiar de lo que te dice. Pero luego le maldecimos cuando decide dejar de trabajar con nosotros… De verdad, que alguien me lo explique.

Amigos, el feedback es mucho, mucho más que una simple crítica u opinión. El feedback bien planteado te puede dar información valiosísima acerca de si estás entregando bien (o no) aquello por lo que te van a pagar. Pero claro, tienes que saber pedirlo.

Y aquí entro yo 🙂

 


Cómo pedir correctamente feedback


Pedir opinión no es suficiente. Imagina la típica escena al terminar de cenar en un restaurante; llega el camarero con la cuenta y te pregunta: “¿Qué tal todo? ” o “Bueno, ¿todo bien?”.

Muy rara vez como comensal te quejarás en ese instante porque algo estaba soso o salado, o porque el pescado estaba demasiado cocido, o porque la sopa llegó a la mesa templaducha.  Y es que la pregunta está fatal planteada… De hecho normalmente se trata de una pregunta retórica: no esperan en realidad que les des una opinión.

Con este tipo de preguntas no invitarás a tu cliente a que conteste con sinceridad. Ni de lejos.

Te paso a continuación los pasos para recabar información valiosa ( feedback) que te puede ayudar a mejorar tus procesos, productos y servicios.

¿Listo/a?


Paso PREVIO# Establece los campos en los que te gustaría tener feedback

En mi caso me gusta siempre pedir información sobre tres aspectos

  • Relación: cómo han sido todos los contactos que hemos tenido.
  • Dinero: cómo ha sido la comunicación y relación económica; también me interesa saber si considera que ha pagado mucho, poco o lo justo por el servicio entregado.
  • Producto o servicio: grado de satisfacción con el trabajo entregado.

Por cada uno de estos campos deberás aplicar los siguientes pasos:

 

Paso 1# Sienta las bases para la sinceridad.

Antes de comenzar a preguntar, explícale a tu cliente lo importante que es para ti el asegurarte de que le has aportado valor. Dile que quieres aprender de su experiencia para seguir mejorando y garantizando así un buen servicio futuro; además exprésale tu agradecimiento por adelantado y hazle saber que entiendes que su tiempo es un bien preciado y por eso recogerás cualquier opinión que te dé como un regalo.

Ah! Siempre pídele que te proporcione datos concretos. Así podrás entender mejor sus opiniones y el contexto de las mismas.

 

Paso 2# Pregúntale qué mantendría.

Las respuestas a estas preguntas te ayudarán a reforzar todo lo “bueno” que estás haciendo. Si este cliente te contacta de nuevo, sabrás qué es lo que tienes que mantener. Por ejemplo: “Me encantó que siempre te acordases de nuestra última sesión sin necesidad de mirar notas. Sentía que realmente te importaba mi vida”.

 

Paso 3# Pregúntale qué ha echado de menos (o qué activaría).

Toda la información que salga de esta pregunta serán posibles aspectos susceptibles de ser tenidos en cuenta en futuros trabajos. Es algo que actualmente no estás haciendo y que tal vez podría mejorar la calidad de tu trabajo. Por ejemplo: “Me hubiese gustado que me dieses la posibilidad de tener las sesiones de coaching en un lugar diferente a tu despacho”.

Fíjate que tal vez no ha sido un problema tener las sesiones en tu despacho, aunque es posible (probable) que hubieses conseguido un mejor resultado si tu cliente, en este caso particular, hubiera podido elegir el lugar.

Una manera fantástica que utilizo para este paso es hacer la siguiente pregunta: “¿Qué añadirías para que todo el proceso hubiese sido perfecto?”

 

Paso 4# Pregúntale qué eliminaría.

Este punto es crucial. Se trata de que te diga qué cosas quitaría, eliminaría. Es decir, qué cosas de todo el proceso NO le han gustado.  Por ejemplo: “No me gustó el día que cancelaste la segunda sesión con tan solo 24 horas de antelación”.

Presta especial atención a estas respuestas. No tendrás excusa si te vuelve a suceder algo similar con este u otro cliente.

 


Sé lo más explícito posible en tus preguntas


Te paso algunas de las preguntas explícitas que contestan las personas que asisten a mis cursos:

  • ¿Qué es lo que menos te ha gustado del formador?
  • ¿Qué parte del temario te ha parecido menos atractivo?
  • ¿El precio del taller te ha parecido adecuado? ¿Habrías pagado más? ¿Menos?

Con estas preguntas en concreto he ido puliendo mi manera de entregar mis talleres; he sido consciente, por ejemplo, de que cuando comencé me movía muchísimo y a veces despistaba a los asistentes. También he ido cambiando los contenidos y los ejemplos que utilizaba cuando varias personas opinaban lo mismo de algún tema en concreto.

Del mismo modo, siempre sé si lo que estoy cobrando es adecuado y si tiene sentido o no subir los precios de mis cursos. 

¿No es genial?

 


Sin feedback no hay paraíso


El feedback es algo que no solo deberías pedir a tus clientes; es algo que puedes (¿debes?) entregar a tus colaboradores, superiores e incluso proveedores (sobre todo si quieres seguir trabajando con estos últimos y algo se está torciendo en la relación).

Antes de terminar una relación con un proveedor siempre le doy la oportunidad de aprender con mi feedback. Eso sí, si hace oídos sordos, entonces me voy con la competencia.

Si no pides feedback de manera sistemática en tu trabajo o negocio te estás perdiendo una información de valor incalculable. En serio, incalculable.

Estás en tu derecho de no hacerlo, claro. Ahora bien: cuando ese cliente deje de llamarte tienes PROHIBIDO enfadarte.

¡Buen feedback!

 

Utiliza el MIEDO a tu favor

Utiliza el MIEDO a tu favor

Heroe

No te esfuerces en vencer al miedo… úsalo en tu propio beneficio


El miedo no es tan malo


¿Cómo? ¿El miedo no es malo? ¿En serio? Tanto tiempo creyendo que hay que vencer el miedo y resulta que lo primero que lees es que no es tan malo.

Mira, la función del miedo es mantenerte con vida; inicia una serie de cambios fisiológicos que te ayudan a sobrevivir en situaciones extremas (aumento de adrenalina, de la tensión muscular, de las pulsaciones, de la presión arterial, detiene funciones no esenciales como el sistema inmunológico, dilata las pupilas, etc, etc).

Tal vez esto nos venía bien hace 10.000 años cuando una rápida y contundente reacción podía significar la diferencia entre vivir o morir… Eso sí, hoy en día ya ha perdido casi todo su sentido. No nos encontramos a menudo con la situación de tener que huir de un depredador. Salvo que vivas en una cueva en la sabana africana…, en cuyo caso puedes dejar de leer este post.

Tienes que tener esto en cuenta: el miedo vela por su supervivencia… Aunque le importa un carajo tu realización. 

Repito: el miedo quiere que sobrevivas, aunque no le importa tu felicidad.

El miedo prefiere que te quedes en casa a que salgas a la calle (no vaya a ser que te atropelle un coche o te rompas una pierna). El miedo prefiere que no intentes nada nuevo, no vaya a ser que tus circunstancias vayan a peor.

En definitiva, tu miedo estaría contentísimo si te atasen a una cama y te diesen la comida en vena. Es así. Sobrevivirías sin ningún problema. Riesgo: nulo. Supervivencia: asegurada.

Dicho esto, te hago la siguiente pregunta: ¿de verdad tenemos que tomarnos tan en serio los mundos apocalípticos y demás escenarios dignos de Mad Max o The Walking Dead  a los que nos expone el miedo?

Sigue leyendo.

 


El miedo está ahí por algo


El miedo existe por alguna razón. 

Vale, sí. Hemos llegado a la conclusión de que le encanta exagerar y que en el fondo le encantaría que fueses un vegetal.

Aún así, el miedo debe ser escuchado. ¿Por qué? Porque hay algo positivo que trata de decirte. Hay algo de lo que te está tratando de proteger, de advertir. Es lo que se llama la intención positiva de tu miedo.

Te invito a que utilices la siguiente estrategia la siguiente vez que te veas acechado/a por tu propio miedo.

ESTRATEGIA ANTI-MIEDO

La próxima vez que sientas miedo ante una situación o acción que sientas que debas llevar a cabo, piensa, “¿Qué positivo trata de decirme este miedo que siento? ¿De qué trata de protegerme? ¿Me está advirtiendo de algo?”

Ahora, con la respuesta a la pregunta anterior haz lo siguiente: modifica tu objetivo o añade tareas extra para honrar esa advertencia. Por ejemplo, recuerdo en uno de mis talleres una persona que tenía una vocecita en forma de miedo que le estaba diciendo: “No vas a conseguirlo, no te centras, te cuesta centrarte”. Lo que esta persona tuvo que añadir a su objetivo fue unas pautas de organización muy concretas; compró una agenda y un cuaderno y fue apuntando las tareas que necesitaba completar para no despistarse, para estar siempre centrada.

Así, esta persona transformó su miedo en una herramienta. Una valiosísima herramienta. Si sabemos escucharlo convenientemente, el miedo nos puede dar pautas e ideas muy valiosas… incluso necesarias.

 


Las 2 preguntas anti-miedo


 

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Cómo nos gusta ponernos en lo peor, ¿verdad? De hecho, de manera automática (e irracional) solemos centrar la atención en lo peor que nos puede pasar a cada instante. Recuerda que el miedo quiere tu supervivencia a toda costa y su misión es centrar tu atención en ese mundo apocalíptico. 

PREGUNTA 1

Contesta a esta pregunta: ¿Qué es lo peor que puede suceder si tomo esta decisión?

Pero, escucha, no es tan malo pensar en lo pero que te puede suceder. ¿Por qué? Porque debes tenerlo en cuenta; eso sí, sin ser catastrofista ¿eh?

Recuerda que lo peor que te puede pasar conduces a tu trabajo es que tengas un accidente, y no por ello dejas de ir a trabajar en tu coche. Total, tienes que saber lo peor que puede suceder y asumir esa situación.

Lo siguiente que te invito que pienses es:  ¿cómo puedo evitar que eso suceda? Es decir, el miedo te trata de advertir de que algo no deseable podría suceder y tu misión es hacer lo necesario para que eso no suceda. Piensa qué necesitas hacer para disminuir las probabilidades de que te suceda lo peor que te puede suceder.

Otra estrategia fantástica anti-miedo es ponerte en lo peor y pensar: ¿cómo puedo mitigar los efectos en mi vida si todo sale de la peor forma posible? Esto te dará cierta tranquilidad en el sentido de que si pasa lo peor al menos ya lo tendrás previsto.

Por ejemplo, recuerdo cuando tomé la decisión de dejar mi anterior empleo para cambiar mi carrera profesional, allá por el 2015.  Contesté a estas preguntas para que el miedo no me paralizase:

  1. Por un lado pensé: ¿qué es lo peor que me puede suceder? La peor situación posible era que mi nueva carrera profesional no llegase a buen puerto y tuviese que volver a trabajar en el mundo de las Tecnologías de la información. Esto es algo que podía asumir: no era deseable aunque le mundo no se acabaría (de hecho, era donde me encontraba en ese momento, trabajando para una multinacional).
  2. Luego pensé: ¿cómo puedo mitigar los efectos del posible fiasco de mi carrera profesional? En mi caso tendría que volver a encontrar trabajo de consultor así que lo que hice fue quedar muy bien con todos mis compañeros y también jefes del sector. Así, allanaría el camino en el caso de tener que volver a picar las puertas de un trabajo similar.
  3. También me dije: ¿cómo puedo evitar que eso suceda? Poniendo toda la carne en el asador y ahorrando una cantidad suficiente de dinero antes de dejar mi empleo que me permita un periodo de tiempo amplio para desarrollar mi modelo de negocio.

PREGUNTA 2

Hay otra pregunta importantísima que deberás hacerte: “¿Qué es lo mejor que me puede pasar si hago esto?”. Contestar a esta pregunta te conecta con ese futuro maravilloso que quieres para ti; te hace consciente de que a través de hacer eso que te provoca miedo vas a llevar tu vida a un lugar mejor, más elevado. 

Siguiendo con mi ejemplo personal; recuerdo que pensé que lo mejor que me podía pasar era estar ganándome la vida aportando valor a muchas personas a través de la expresión de mi talento. Viajando, escribiendo, inspirando, viviendo. Siendo más coherente con mi identidad y ayudando a que este mundo sea un poquito mejor cuando ya no esté.

Con este pensamiento, amigos, ¡es imposible no pasar a la acción! Por favor, te suplico que no pierdas nunca de vista lo mejor que te puede pasar: es la fuente de tu motivación. Es el motor que te permitirá navegar río arriba, contra corriente (o contra miedo) si fuese necesario.

 


La importancia de tomar decisiones difíciles


 

Easy choices

Esta frase de Jerzy Gregorek me encanta: “Decisiones sencilla, vida difícil. Decisiones complicadas, vida fácil”. 

Es pura realidad. Y es que las decisiones que normalmente nos suele costar tomar son las que, a la larga, nos producen más sentimientos de satisfacción, realización y felicidad a medio/largo plazo.

Recuerdo cuando tomé la decisión de dejar mi anterior empleo: estaba asustado. Claro, llevaba en el mundo laboral 10 años y me iba a enfrentar a algo nuevo: ganarme la vida por mí mismo.

No fue una decisión sencilla. Qué va. Eso sí, ha sido de las decisiones más sabias y enriquecedoras que he tomado jamás. Mi vida es muchísimo más rica y cargada de sentido que cuando trabajaba en aquella multinacional…. Y se lo debo todo a una decisión difícil.

 

Ahora, dime, ¿qué decisión o acción difícil ronda tu cabeza?

¿Ya sabes el mensaje positivo que te está dando tu miedo?
¿Ya tienes asumido lo peor que puede suceder si todo sale fatal?
¿Ya has interiorizado lo mejor que te puede suceder si todo sale bien?

Recuerda: el miedo no se vence. El miedo se utiliza para vencer.

Buen viaje.

 

Objetivos: ¿qué RECURSOS necesitas para conseguirlos?

Objetivos: ¿qué RECURSOS necesitas para conseguirlos?

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Estrategias para conseguir los recursos que necesitas y no tienes


Recursos


Un recurso es todo aquello que vas a necesitar para conseguir tus objetivos.

Tal vez necesites dinero o desarrollar una destreza en particular; puede que tengas que organizar tu tiempo mejor, conseguir o aprender herramientas (físicas, informáticas, etc), adquirir un conocimiento (o utilizar un conocimiento que ya tienes). Es posible que necesites tirar de profesionales o de otras personas para conseguir eso que anhelas.

Total: para conseguir tu objetivo sí o sí necesitarás aportar recursos a tu estado actual de modo que consigamos movernos a eses estado deseado (con el objetivo cumplido).

 


Herramienta #: Identifica y consigue los recursos que necesitas


Lo primero será identificar qué es lo que vas a necesitar y luego veremos cómo vas conseguir eso que necesitas y que no tienes. ¿Listo/a?

1# ¿Qué necesitas para conseguir tu objetivo?

Escribe todo lo que sientas que será necesario para alcanzar tu meta. Todo. ¿Necesitas organizarte mejor? ¿Tal vez hablar con alguien? ¿Contratar un profesional? ¿Cambiar de ordenador? ¿Dinero? ¿Poner en práctica algún conocimiento?

No dejes nada al azar. 

 

2# ¿Qué recursos necesitas y NO tienes?

¿Ya tienes la lista hecha? Fantástico. Ahora, de todos los recursos, separa aquellos que no tienes; es decir,  pon en una lista aparte aquellos recursos en los que necesitarás hacer algo para poder disponer de ellos.

Tal vez necesites dinero y ahora no dispones de él. Tal vez quieres montar una página web y no sabes ni por donde empezar.

 

recursos

3# ¿Cómo vas a conseguir los recursos que necesitas (y no tienes)?

Esta es la parte más delicada ya que será la que desemboque en añadir tareas en tu plan de acción. Y es que claro, sin recursos no hay manera de ponerse a caminar hacia tu objetivo.

Te voy a dar 4 posibles formas de conseguir aquello que necesitas y (todavía) no tienes;así, por cada recurso que necesites tendrás que aplicar la siguiente ronda de preguntas. En mi experiencia siempre alguna de ellas te dará ideas para que te pongas manos y a la obra y conseguir el recurso.

Allá vamos.

 

Pregunta 3.1# ¿Cómo/dónde vas a conseguir ese recurso?

En muchas ocasiones sabes de sobra cómo conseguirlo. Simplemente apela a tu intuición y experiencia y anota la manera que consideras más factible para conseguir eso que necesitas (y no tienes).

 

Pregunta 3.2# Imagina que ya has conseguido el recurso, ¿cómo lo has hecho? 

Imagina que puedes viajar en el tiempo, al futuro. Un futuro en el cual ya has conseguido ese recurso que necesitas. En serio, puedes hacerlo, a eso se le llama utilizar tu imaginación, soñar despierto o creatividad; es una cualidad casi estrictamente humana: no tengas miedo a utilizar estrategias que te hacen justamente eso, humano 😉

Bien, ya estás en el futuro. Ahora, dime: ¿cómo has conseguido el recurso? ¿Qué ha tenido sentido que hicieses para conseguirlo?  Recuerdo un cliente que me dijo en tono jocoso “Iván, qué se yo, para conseguir más tiempo con mi vida ajetreada habré tenido que dormir una hora menos durante al menos 3 meses”.  Luego voy yo y le espeto: “Ahá, interesante. ¿Es factible que duermas una hora menos durante 3 meses para conseguir el recurso?”. Adivinad: eso es. Esta persona estuvo unas semanas levantándose 1 hora antes para hacer lo que tenía que hacer para dedicarle tiempo a su objetivo.

libera tu mente

No subestimes el poder de tu intuición. La intuición  tiene  mucha más información que tu pensamiento consciente y en ocasiones nos pone encima de la mesa soluciones a problemas que solo “pensando” no acaban de resolverse. ¿No lo crees así? Entonces, explícame: ¿dónde estaba esa solución a ese problema que te viene al ir a la cama, mientras te duchas o haciendo ejercicio?

Usa el inconsciente a tu favor.

 

Pregunta 3.3# ¿Alguna vez has conseguido ese recurso en el pasado? 

Si la respuesta es “Sí”, entonces: ¿cómo lo conseguiste? ¿Podrías utilizar la misma estrategia en el momento presente? Si tus circunstancias son diferentes, ¿podrías transformar la estrategia que utilizaste entonces de modo que sí te sirva en la actualidad?

El pasado está plagado de aprendizajes y en ocasiones solamente tenemos que mirar nuestra propia experiencia para resolver los problemas actuales.

 

Pregunta 3.4# ¿Quién sabe cómo conseguir este recurso?

 ¿Conoces personalmente a alguien que ya haya conseguido eso y crees que su estrategia te puede servir? ¿Hay algún profesional o persona de confianza que te pueda ayudar a conseguirlo? ¿Dónde puedes seguir ampliando información de modo que puedas conseguir ese recurso?

Mira, no estás solo/a. Con casi toda probabilidad alguien ya se ha enfrentado al mismo problema antes que tú; utiliza la sabiduría común del ser humano.

 


Recuerda añadir las tareas a tu plan de acción


Ahora ya sabes cómo vas conseguir los recursos que necesitas y no tienes; no te olvides de añadir esas tareas a tu plan de acción.

Ahora, dime: ¿cómo vas a conseguir los recursos que necesitas para tu próximo objetivo? ¡¡Deja tu respuesta en el post!!