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¿Te PREOCUPAS demasiado? Prueba esto

Escrito por: Iván Ojanguren
Publicación: septiembre 2, 2019

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Deja de preocuparte

Reflexiones sobre la inutilidad del “preocuparse mucho” 


Preocupación


¿Alguna vez te has sentido impotente ante una situación en particular? ¿Cuántas veces te has pasado minutos/horas/días dándole vueltas a ese suceso ocurrido que no deja que pienses en otra cosa? ¿Has reaccionado con miedo ante la perspectiva de algo que aún no ha ocurrido pero que podría ocurrir?

¿Alguna vez te han paralizado literalmente estos sentimientos? Si la respuesta es “sí”, te interesa seguir leyendo.

Mira, los seres humanos tendemos a invertir demasiado tiempo y esfuerzo en engancharnos con vivencias pasadas traumáticas o conflictivas y el hecho de revivirlas hace que todos esos sentimientos se vuelvan a reproducir en el presente. Claro, es que las emociones siempre las provoca un pensamiento.

Del mismo modo, también nos atrae fantasear sobre futuros inciertos y/o catastróficos; en este sentido es muy habitual que ante todo el abanico de posibilidades futuras, centremos la atención en las más negativas: nada más desalentador y alejado de la realidad objetiva.

Fíjate que lo justo sería que por cada vez que nos preocupemos por lo peor que pueda pasar, también nos regocijemos por lo mejor que nos pueda ocurrir.

Pero no, no lo hacemos. Nos quedamos solo con lo malo. En este sentido solemos ser bastante injustos con nosotros mismos.


Zona de Acción Vs. Zona de Preocupación


Hoy me gustaría hablar sobre la diferencia entre tu zona de acción (o zona de influencia) y tu zona de preocupación.

La zona de preocupación es esa zona nebulosa y macabra en la cual solo parece que alimentemos la hoguera de la ansiedad y el miedo; cuando nos movemos en esta zona simplemente reaccionamos.

Por ejemplo, estás en medio de un atasco en un día lluvioso y llegas tarde a una reunión importante; ante esta perspectiva maldices (en voz alta, claro) a la lluvia y al resto de la humanidad por haber ido a parar al mismo sitio donde estás tú; también te pones a fantasear acerca de un despido fulminante por llegar tarde, despido que, sin duda, hará que vayas al paro y que nadie te contrate nunca más, haciendo que no puedas pagar las facturas y que finalmente mueras de hambre y también mates de hambre a tu familia.

Amigos, todo eso es extremadamente difícil de que pase. Casi imposible. La pregunta clave es: ¿en qué prefieres pensar? ¿Qué te aporta más serenidad y recursos en ese momento concreto?

La zona de acción o zona de influencia es todo aquello que está en tu mano para lidiar con la situación; no es solo lo que puedes hacer en el mundo exterior, si no también lo que puedes hacer a nivel interno, esto es, todo el pensamiento que puedes generar proactivamente de modo que siempre tengas tú el control de cómo te sientes, independientemente del temporal externo.

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En el ejemplo anterior, ¿cómo puedes moverte a tu zona de acción? Tal vez podrías hacer una llamada de teléfono para avisar que llegas tarde, usar ese tiempo “extra” para preparar mentalmente lo que ibas a exponer o apuntarte en tu agenda “salir de casa 30 minutos antes de la hora habitual si tengo una cita importante”. También puedes decirte: “vale, a cualquiera le puede pasar esto; lo mejor será mantener la calma para no empeorar las cosas”.

Recuerda: cuando te mueves en tu zona de preocupación, quieras o no, estás disminuyendo tu poder para influir positivamente en la situación. O dicho de otra manera: estás atrayendo a tu vida todas esas cosas que no deseas.


“Dar importancia a las cosas” Vs. “Preocuparte”


Quiero compartir una experiencia personal (y tremendamente intensa) contigo.

En julio del 2014 planeé unas vacaciones con mi pareja a Mérida (vivo en Oviedo). Por aquel entonces teníamos un coche pequeño de segunda mano y sin aire acondicionado; un coche de esos que triplicaba su valor cada vez que llenaba el depósito, vaya.

Bien, como el viaje era largo y Mérida no era precisamente un destino “fresco” en verano, quedé el día del viaje con mi padre para intercambiarnos los coches. Él claro, tenía un coche más grande, más nuevo y con ese deseado aire acondicionado. Total, quedamos a las 10:00 de la mañana y nos pusimos en ruta mi chica y yo rumbo a Mérida.

Me encontraba a la altura de León conduciendo cuando mi chica recibió una llamada de teléfono que le cambió la cara – ¿Qué pasa?-Le dije. Pero no contestaba.

¿Sabéis que había pasado? En ese preciso instante mi padre acababa de sufrir un infarto incompatible con la vida. 63 años, joven, no fumaba, ni bebía; tenía algún achaque propios de la edad pero vaya, en absoluto nada que hiciese a nadie temer por su vida.

Ante esta situación uno puede adentrarse en la zona de preocupación: ¿por qué a mí? ¿Qué será de mi madre? ¡Justo ahora que me empezaba a sonreír la vida! ¡No me lo merezco!

Otra opción es moverte en la zona de acción: bien – me dije a mí mismo. Lo primero, vayamos hacia donde ha pasado todo; ahora, ¿dónde está mi madre? (en estado de shock en ese momento), ¿lo saben mis hermanos y demás familiares cercanos? por supuesto, también cuidar de mi mismo: llorar, pedir ayuda, buscar consuelo.

avestruz

No estoy sugiriendo que la zona de acción sea huir de las situaciones o de los sentimientos.

De lo que se trata aquí es de que si la vida nos pone en una situación complicada, lidiemos única y exclusivamente con la situación en sí y no con ese abismo de “preocupaciones” que no nos dejan ver más allá de la situación en sí misma; lo importante es quedarte con la realidad en estado puro, centrarte y ponerte manos a la obra.

Piensa que por mucho que te preocupes no vas a cambiar absolutamente nada (para bien) de la realidad física. Nada. Cero. Ni un ápice. Desde un punto de vista puramente práctico los pensamientos reiterados de preocupación y miedo no sirven para nada.


Herramienta# Cómo salir de tu zona de preocupación


 La próxima vez que te enfrentes a una situación complicada y te encuentres solo preocupándote, te invito a que aportes consciencia a la situación y trates de responder a estas preguntas:

  • ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Qué pensamientos me ayudarían a sobrellevar la situación?
  • ¿Qué puedo aprender de esta situación? ¿Qué aprendizaje tiene esto que estoy sintiendo ahora?
  • ¿Qué puedo hacer para que esta situación no se vuelva a repetir en el futuro?
  • ¿Quién puede echarme una mano?  
  • Esto que estoy pensando o haciendo, ¿me aporta alguna solución o empeora las cosas? 

Desenvolvernos en la zona de acción nos llena de posibilidades prácticas y nos empodera. Caer en la zona de preocupación significa adentrarnos en el abismo del victimismo y de la falta de recursos.

Proactivo-Proactividad-Reactivo-Reactividad


Recuerda que por lo general la vida nos pone en situaciones para que podamos aprender; si vivimos una situación complicada y no aprendemos nada de ella, la vida es tan sabia que se encarga de ponernos de nuevo en el mismo sitio hasta que aprendamos.

Ley de vida.

Elige bien tus pensamientos la próxima vez: tu aprendizaje como ser humano está en juego.

2 Comentarios

  1. hector

    Me gusta esa ley de vida que comentas.
    Qué lástima que a veces seamos tan viscerales y no podamos pararnos a tomar conciencia de según qué asunto. Yo intento pausar y analizar siempre, pero a veces nos salen esos instintos que, es verdad, poco ayudan…
    Entonces no hablamos de ser pesimista u optimista, hablamos de ser justos con nosotros mismos?
    Y para lxs que piensan que la vida no lo está siendo con ellxs?

    Responder
    • Iván Ojanguren

      Muy buenas Héctor!!!

      ¿Sabes? Cuando las situaciones complicadas llaman a la puerta y nos dejamos llevar por ellas (a mí también me sucede, claro), tenemos dos opciones: engancharnos con ellas “ad infinitum” o aportar consciencia a dicha situación. Te cuento lo que yo hago: cuando esos momentos llegan doy un paso hacia atrás (un paso de verdad, físico) y me imagino que “salgo de mi cuerpo” para observarme: -¿Qué haces Iván?, me digo, ¿Te lleva a algún sitio “bueno” esto que estás pensando? Sinceramente, me quedo en ese espacio de “desapego” el tiempo que sea necesario para volver a ser “yo” otra vez más limpio y menos enganchado a esos pensamientos y desasosiego.

      En cuanto a lo que comentas de que “la vida no es justa”. Siento darte la mala noticia: la vida no es ni justa ni injusta; la vida simplemente “es”. Somos nosotros los que convierten realidades en juicios; y lo que para ti es justo para otro puede ser injusto, y viceversa. Lo que a mí me gusta pensar en este sentido es: hay cosas de la vida que nunca podrás gestionar y es poco hábil preocuparte por ello; ahora bien: dónde me encuentro en términos generales es la suma de mis acciones a medio y largo plazo. Es decir: soy dueño de dónde me encuentro. Si no me gusta dónde estoy, entonces es que tengo que hacer algo diferente (o hacerlo “desde un lugar” diferente).

      Como siempre, amigo: me encanta verte por este espacio.

      Un fuerte abrazo!

      Responder

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