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FUTURO EN BUENAS MANOS – María Caso (La extraordinaria vida de la gente corriente)

FUTURO EN BUENAS MANOS – María Caso (La extraordinaria vida de la gente corriente)


INAKUWA: LA EDUCACIÓN COMO ELEMENTO TRANSFORMADOR DE LA SOCIEDAD


Me siento especialmente orgulloso de presentarte a la protagonista de hoy.

Su nombre es María Caso y es la fundadora y presidenta de la ONG Inakuwa: una ONG que pone en valor la educación como elemento transformador de sociedades, ayudando principalmente a las mujeres de países en vías de desarrollo a ganar más independencia, consciencia y deseo de mejora de su propia realidad y la de las generaciones futuras. 

La ONG tiene actualmente más de 80 voluntarios y varios proyectos de acción directa que incluye investigación, formación, contacto con otras ONG’s o el contacto estrecho con autoridades locales de los países donde actúan. Puedes ver todo el abanico de proyectos transformadores que tienen aquí.

Lo más llamativo: está formada en su totalidad por estudiantes.

María Caso, amigos, cuenta con 21 años en el momento en el que estoy escribiendo estas líneas (nació en 1998) y fundó la ONG cuando tenía con 19 años. Tras terminar el instituto y gracias a una beca, estudió un curso preparatorio para la universidad en el Phillips Academy de Andover (EEUU) y, a la vuelta y mientras estudiaba el primer año de Medicina, montó la ONG.

¿Cómo lo hizo? Cerró un esbozo de proyecto formativo con una ONG local en Tanzania -contacto que consiguió tras una experiencia como voluntaria en Ghana a sus 17 años- y que trabajaba con mujeres en el ámbito rural, comprometiéndose a ejecutarlo en el verano siguiente. Tras su vuelta de EEUU, fundó la ONG y su junta directiva reclutó a los formadores -estudiantes universitarios-, preparó los cursos, consiguió el dinero para ir a Tanzania  y, por supuesto, ejecutó el proyecto.

Así de fácil…, o así de difícil.

María Caso, dando el máximo en algunas de las múltiples áreas de formación que imparten en Tanzania con la ONG Inakuwa

 


EL SECRETO: INSPIRAR A LOS DEMÁS


En cierta ocasión hablé con las vocales de la ONG y les pregunté qué es lo que hizo que se subieran al carro con tanta decisión y rapidez; en cierto modo me sorprendía que todo se hubiese llevado a cabo tan rápido. Esto me contaron: “Había algo en ella especial en cómo nos contaba el proyecto y en su seguridad de que aquello era realizable a través de nosotros, estudiantes; de algún modo nos inspiró para que nos sumásemos a la iniciativa”.

Claro, María no solo quería llevar a cabo el proyecto formativo en Tanzania, también quería poner en valor la importancia y el poder de transformación que tiene la juventud y en especial los estudiantes universitarios. María, harta del estereotipo del joven estudiante que parece que no sirve hasta que termina sus estudios y se pone a producir en el mundo laboral, se puso como objetivo pasar al al primer plano de la escena a la comunidad universitaria, demostrando que los jóvenes son valiosos, profesionales y que, además, pueden comenzar a crear el mundo que quieren ver desde “ya”.

Si hubiese conocido a María hace 20 años estoy convencido de que también me hubiese subido al carro; por eso y durante todo el tiempo que mantuve un contacto estrecho con María y la junta directiva de Inakuwa, les ayudé con unas sesiones de trabajo de equipo donde se reencontraron con sus valores y decidieron cómo querían seguir creciendo como organización.

Yo (abajo a la izquierda) con María Caso (jersey rojo) y la junta directiva de Inakuwa en una de las sesiones de equipo que dirigí.

Tras estudiar 2 años de Medicina, María llegó a la conclusión de que podría tener más poder transformador en la sociedad si actuaba desde la esfera política así que, tras concluir su segundo año en Medicina, optó por comenzar dos grados en paralelo: Ciencias Políticas y Filosofía, al tiempo que aparcaba su carrera como futura médica.

¿Una locura? ¿Un síntoma de incertidumbre? Ni hablar: aquel cambio, aquella acción, fue una forma de honrar lo que la vida le estaba diciendo a María tras todas sus experiencias vitales, académicas y profesionales con Inakuwa.  Esta es una actitud que me encanta y que no solo la aplica a su vida académica, sino también a su vida personal y profesional.

 


EL FUTURO ESTÁ EN BUENAS MANOS


Déjame contarte lo más bonito e impactante, bajo mi punto de vista, de la historia de María: la respuesta que tuvo alrededor. Tuve la oportunidad de convivir con la junta directiva (estudiantes, el mayor de 23 años) y presencié la valentía, una seriedad, la rapidez, la profesionalidad y la ganas tremendas que tienen todas y todos de formar parte de un cambio real en el mundo.

Me enamoré de ellos. De su fuerza. De su inconformismo ante un mundo que los adultos están llevando al límite de su equilibrio ecológico y humano y, además, relegan a los jóvenes al plano de simples observadores.

María y su equipo me han demostrado que todo está por hacer. Me ha demostrado que el cambio no viene de un deseo: viene de la acción localizada en un aspecto concreto que quieres mejorar de la sociedad o del mundo.

Yo entrevistando a María durante el confinamiento por el covid-19 en mayo 2020. La entrevista está disponible a través de mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”

¿Sabes? Soy de los que piensa que el mundo no se “cambia”. El mundo se CREA. A cada instante estás creando el mundo en el que vives.

Lo creas en cada contacto con otro ser humano, en cada conversación. Lo creas cuando te levantas por la mañana y das los buenos días a tu pareja. Lo creas cuando das las gracias al camarero que te sirve ese café calentito y humeante por la mañana.

Lo creas cuando agradeces una ducha a presión, porque, créeme, la echas de menos cuando no la tienes.

Lo creas cuando buscas tu propio beneficio a la par que el beneficio de los demás. Porque la vida no trata de elegir una cosa u otra… ¡Qué va! Se trata de comprender que las dos partes deben tenerse siempre en cuenta. 

Tú.

Y los demás.

La historia de María junto con sus pensamientos, decisiones, filosofía de vida y un acceso a la entrevista que le hice en mayo del 2020, la puedes encontrar en mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”.

APRENDER DISFRUTANDO – Elisa Beltrán (La extraordinaria vida de la gente corriente)

APRENDER DISFRUTANDO – Elisa Beltrán (La extraordinaria vida de la gente corriente)


¿PARA QUÉ EDUCAMOS?


¿Para qué educamos? ¿Para qué existen las escuelas? Menuda perogrullada de pregunta, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad; es esta una pregunta fundamental ya que su respuesta puede provocar que enfoquemos la enseñanza desde diferentes perspectivas.

Si consideramos que el principal objetivo del Sistema Educativo es crear ciudadanos felices capaces de vivir en sociedad y a su vez que ayuden a mantener dicha sociedad, a mejorarla y a garantizar su supervivencia, ¿estamos realmente cumpliendo con este cometido?

Nuestra protagonista y profe de primaria siente que hace falta un cambio de paradigma en la educación; Elisa, sabe que debemos conseguir todo lo que se espera del sistema y, además, hacerlo de una manera inclusiva desde el disfrute y la emoción, creyendo en los niños y trabajando desde los intereses y la mente del que aprende.

 


APRENDER Y DISFRUTAR


Aprender y disfrutar, ¿es posible? ¿Es posible tan si quiera poner estos dos verbos en la misma frase?

Elisa Beltrán lo tiene claro: el aprendizaje debería ser algo divertido, algo mágico. “Yo siempre les digo a mis compañeros: los niños no nos recordarán por lo que les enseñamos, nos recordarán por cómo fuimos con ellos y cómo conseguimos emocionarles y despertar su interés”.

Y es que ir a una clase con Elisa es una aventura: nunca sabes lo que va a suceder. Tal vez proyectará unos vídeos en la pared, o fomentará el trabajo en equipo; puede que haya trabajo individual, que se use tecnología, o algún tipo de gamificación, pizarra, acertijos, música… Elisa sabe que cada persona tiene sus tiempos y sus modos de aprender y que hay que explicar lo mismo de varias formas  diferentes para sí asegurarse de que la enseñanza llega a todos por igual.

Con los alumnos de Elisa (2º de primaria) el día que asistí a a su clase todo un día en el año 2019

Soy de esa generación criada en colegios con educación segregada (solo chicos), con un altísimo contenido doctrinario y cuyo único fin era conseguir un alumnado disciplinado, aplicado, obediente y “útil” en la sociedad. Cómo me sentía, qué me gustaba, qué fortalezas tenía o cuáles eran mis tiempos de aprendizaje nunca fueron del interés de aquel sistema. 

Conociendo a Elisa supe que hay esperanza: existe un movimiento maravilloso de profesoras y profesores que comprenden la educación desde este punto de vista más holístico: educar para formar personas felices capaces de desenvolverse en sociedad, educar para hacer PERSONAS -con mayúsculas- que se sientan realizados como individuos viviendo en sociedad.

Un movimiento que no solo trabaja las debilidades, sino que también refuerza y prima las fortalezas. Un movimiento que enseña desde el cerebro del que aprende, dándole mucha importancia a la emoción positiva durante el aprendizaje para fijar conceptos y garantizar la salud emocional de la persona.

Un movimiento que sabe que la educación no termina en el aula y que continua en casa en y todos los contactos sociales, del tipo que sean, que el alumno tiene en su vida. Un movimiento que cree ciegamente en todos los alumnos y en su capacidad para aportar un valor único, y que sabe que el contenido curricular es tan solo una parte de todo lo que un ser humano puede llevar a cabo.

La clase de los alumnos de Elisa en el año 2019: frases inspiradoras, elementos manipulativos, trabajo en grupo… ¿A quién no le hubiese gustado pasar 2 años de su vida en este aula?

Cuando Elisa termina su jornada en el cole, comienza la segunda parte: hacer balance del día y preparar la clase del día siguiente acorde con lo que ha sucedido ese día en el aula; además, también sigue en contacto directo y diario con los padres y madres, ayudándoles en su día a día: “Los padres y yo somos un equipo: todo lo que sucede en casa afecta al aula, y al contrario; por eso siempre estoy al otro lado para lo que necesiten”.

Debo confesar que me emocionó presenciar la auténtica devoción que los alumnos de Elisa sienten por su profe, por ejemplo cuando al final del día van todos en tropel a abrazarla -esto, claro, antes de la pandemia del covid- o cuando una de las madres de me dijo: “mi hijo Pedro odiaba ir al colegio… Pero comenzó a ir feliz gracias a Elisa”. Solo por esto último, Elisa, ¡ya tienes el cielo ganado!

Yo entrevistando a Elisa durante el confinamiento por el covid-19 en el 2020. La entrevista está disponible a través de mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”

 


ENTONCES, ¿QUÉ ES EDUCAR?


¿Sabes? La educación no es simplemente elegir un colegio con buenas instalaciones o con notas medias altas. 

Educar no trata de considerar a las personas como vasos vacíos que hay que llenar, sino de verlas como semillas a las que hay que proporcionar las condiciones necesarias para que germinen.

Educar tampoco trata de memorizar respuestas a preguntas que ya están formuladas; trata más bien de fomentar la resolución práctica y creativa de problemas reales desde las habilidades naturales de cada uno. Educar no trata de centrarse en poner límites; al contrario: trata de dar el espacio suficiente para que la persona pueda conocer sus talentos, virtudes y aspiraciones, a la par que le dejamos explorar y tomar sus propias decisiones. Educar, pues, no trata de dar órdenes; trata de exponer a la persona a nuevos retos y experiencias facilitando entornos de ensayo y error seguros y controlados.

Así, educar no trata de decir el «ya te lo dije» cuando se cometen errores, sino de confiar y ayudar a tomar la siguiente decisión que la persona considere más coherente. No olvidemos que esta es la base para que se conviertan en ciudadanos autónomos y responsables de sus actos. En este sentido, educar no consiste en evitar que la persona se caiga; consiste más bien en ayudar a que se levante. 

Así, educar tampoco trata de imponer lo que está bien o está mal, sino más bien de inspirar y ser un ejemplo en todo aquello que quieres que la otra parte tenga en cuenta, sea tu hijo, amigo, vecino o incluso un desconocido; y esto, definitivamente, es algo que empieza en las pequeñas acciones del día a día desde que nos levantamos. 

Necesitamos a muchas personas apasionadas con aquello que hacen, personas empeñadas en marcar una diferencia y aportar mucho valor en el contexto en el que actúan. Si hay algún sector donde esto urge es claramente la educación. Si conseguimos poner medios y conciencia en los métodos y objetivos en este campo mientras permitimos a personas como Elisa liderar el proceso, estoy convencido de que el futuro a medio plazo será un mundo donde quepamos todos.

Un mundo donde todos nos beneficiemos del talento de cada individuo. 

Un mundo donde cada individuo se sienta realizado viviendo en sociedad.

¿Ayudamos a Elisa a crear ese mundo?

La historia de Elisa, su filosofía e historia de vida y de cómo forjó su amor por la enseñanza la cuento con todo detalle en mi último libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”.

LA XANA DE MUNIELLOS – Francine (La extraordinaria vida de la gente corriente)

LA XANA DE MUNIELLOS – Francine (La extraordinaria vida de la gente corriente)


UTOPÍA


Me encanta visitar de vez en cuando a Francine. Desde que la conocí por casualidad allá por el año 2017, siempre me dejo caer por su cabaña una o dos veces año; me gusta empaparme de su filosofía de vida y de su capacidad para darme un bofetón -metafórico- al saber que ella, una persona de más de 60 años, lleva más de una década viviendo en un pueblo entre las montañas de Asturias y León donde es la única habitante y al que, además, solo se puede llegar caminando.

Francine hace que todo lo que yo pensaba que necesitaba para vivir se tambalee; y es que ella ha rebajado los mínimos vitales a niveles insospechados al tiempo que se mantiene activa y feliz. “Siempre me hacen la misma pregunta” -me dice Francine, “¿No tienes miedo viviendo aquí sola?”. El caso es que al verla esa pregunta se responde por sí sola: te recibe con una sonrisa inmensa y con una energía que solo puede emanar de alguien que de verdad ha encontrado su sitio en el mundo.

Detalle del cartel que señala el sendero para llegar al pueblecito de “El Corralín” donde vive su único habitante: Francine
Además, llegar a El Corralín significa caminar, al menos 1 hora desde el pueblo más cercano (Sisterna) y por un valle maravilloso atravesado por el río Ibias, convirtiendo la experiencia en algo más que una visita: se trata de algo más meditado, más profundo, más inspirador, más especial que una simple “visita” a un familiar o un amigo.
Algo tiene Francine. Algo emana de ella que provoca un flujo de peregrinos a su cabaña, sobre todo en la época estival. ¿Qué hace que decenas -¿¿centenares??- de personas la visiten cada año? Francine me cuenta qué es lo que ella piensa: “Creo que la gente no se cree que pueda vivir aquí, sin agua corriente o electricidad. No se creen que es posible tener una vida más tranquila, humilde y en comunión con lo que te rodea. No se creen que sea posible…, y necesitan verlo por sus propios ojos. Por eso vienen aquí, por eso me visitan y me hacen todo tipo de preguntas”.
Esta foto (un poquito movida) la tomé en mi última visita (agosto 2020); Francine estaba con dos viajeros que se pasaron a visitarla.

PEQUEÑAS ACCIONES SÍ CAMBIAN REALIDADES


Francine es consciente de que lo que ella ha hecho tal vez no sea factible para todo el mundo: comenzar a vivir de un modo diferente en la naturaleza, priorizando la autosuficiencia y disminuyendo su huella ecológica a la mínima expresión.

De todos modos, ella sabe que podemos empezar a hacer cosas diferentes en nuestro día a día, aún cuando esos cambios no sean de calado en el corto plazo: muchos cambios a lo largo del tiempo hechos por muchas personas sí que consiguen cambiar realidades. De algún modo ella inspira a que nos planteemos nuestra vida desde un plano más ecológico, más holístico y menos individual.  Por ejemplo, Francine ayuda a recuperar las abejas en el valle, a repoblar la población de murciélagos o a replantar los montes quemados en el devastador incendio -que casi el cuesta la vida- del año 2019 aprovechando la regeneración natural de los árboles autóctonos del valle. 

Detalle del plano de la “casa” para murciélagos, un castaño germinando que terminaría en la zona quemada y una colmena de abejas situada en un árbol al lado de su casa.

¿Una colmena en un valle, construir una casa para murciélagos o 4 docenas de árboles plantados cambian el mundo? Tal vez no, pero, escucha: un par de acciones como esta realizada al año por unos pocos millones de habitantes del planeta sí que marcan una diferencia. Y siempre, siempre, esa acción mejorará ese pequeño entorno local en el que estás actuando. Solo por esto último ya merece la pena.

Personalmente creo que necesitamos pensar más en el largo plazo, en lugar de priorizar el beneficio en el corto. Siento que urge meter en la ecuación la supervivencia de las generaciones futuras y del planeta en su conjunto. No se trata de elegir entre “mi supervivencia” y “la supervivencia del mundo”: se trata honrar las dos: bienestar individual y bienestar general.

Le pregunté en una ocasión cómo sería un mundo ideal para ella. «En realidad este mundo está genial, es perfecto… Tan solo le añadiría más amor. Más amor y menos locura por el dinero y por tener. Creo que para conseguir más amor y un mundo mejor las personas deberían aplicarse a sí mismas todoa quello que querrían ver en el mundo… Así, si quieres ver felicidad en el mundo, comienza por ser feliz tú mismo. Si quieres que el mundo esté bien, comienza por sentirte bien contigo mismo primero. La felicidad no está en tener dos coches, una casa grande, tener un perro o incluso hijos para aparentar ser una familia unida y feliz. Ser feliz tiene que ver con estar a gusto contigo mismo, independientemente del tipo de vida que lleves –Francine acelera el ritmo y continúa–: Creo que basar la felicidad en conseguir cosas, materiales o no, puede llevarte a que te pases la vida persiguiendo algo que nunca llega». 

Francine es conocida cariñosamente en Asturias como La Xana de Muniellos.

Una xana es un personaje de la mitología asturiana que habita en el bosque, normalmente en zonas de aguas puras; es un hada de gran belleza y riqueza que vive encadenada a un manantial, arroyo o laguna y busca ayuda de los lugareños para ser liberada a la par que devuelve el favor en forma de alhajas, sabiduría u ovillos de hilo que no se acaban nunca.

Francine es rica, más rica que cualquiera: custodia y protege sin miedo El Corralín, disfrutando todos los días de su paisaje agreste de aire puro, agua limpia y exuberante vida. A cambio, ella nos regala su filosofía, sabiduría, paz y serenidad. Deposita semillas en el corazón de la gente que, nutridas con el abono del amor, el agua de la curiosidad y la luz de la esperanza pueden hacer germinar una manera más conectada y feliz de estar en el mundo.

El Corralín y el valle han ganado una aliada…, y el mundo, también.

Yo con Francine durante la entrevista en verano del 2020 y que está disponible a través del libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”

La alucinante historia de Francine, su filosofía e historia de vida y de cómo terminó en El Corralín, la cuento con todo detalle en mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”.

GENERADOR DE AMOR – Joan Carulla (La extraordinaria vida de la gente corriente)

GENERADOR DE AMOR – Joan Carulla (La extraordinaria vida de la gente corriente)


¿QUÉ ES UN GENERADOR DE AMOR?


Un generador de amor, para Joan Carulla, es una persona que ama a los demás de forma incondicional consiguiendo no solo irradiar ese amor en beneficio de los demás, sino también disfrutar su propias carnes la energía y disfrute de amar. Las personas que reciben ese amor a su vez pueden generar más amor, iniciando así una reacción en cadena que podría ser imparable.

¿Lo curioso? Esta idea se le ocurrió a Joan cuando tan solo era un niño. Qué cosas, ¿verdad? Muchas veces son los niños los que tienen las ideas más originales y sencillas… Aunque no por ello menos potentes o carentes de sentido.

Nuestro protagonista es un tipo especial. Nació en el año 1923 y por sus ojos han pasado 2 dictaduras (Primo de Rivera y Franco), una República -alucinante la claridad con la que recuerda su proclamación en 1931- y la actual monarquía parlamentaria democrática. Además, su padre fue llamado a filas a comienzos de siglo para ir a la guerra del Rif en África, hecho que transformó a su padre en un pacifista, pasando ese ideal también al -entonces- pequeño Joan: “Mi padre me hizo leer el libro de Abajo las armas de Bertha Von Suttner siendo un niño; me marcó profundamente”. 

 


MORIR SALVANDO VIDAS


Joan, debido a su juventud por entonces, no combatió en la Guerra Civil española, aunque le tocó vivir aquella guerra y la posguerra en primera persona: me cuenta por ejemplo cómo su pueblo, Juneda (Lleida) fue bombardeado en 1938 por aviones italianos y se vio obligado a ir huir al monte: “Murieron 5 personas aquel día, aunque habría que sumarle un cero o dos a esa cifra si no nos llegan a avisar con antelación”, o cómo al llegar la dictadura y absolutamente abrumado por el horror de las guerras, decidió presentarse como voluntario en el servicio militar obligatorio para trabajar en Hospitales militares: “Que tristeza morir matando; si tengo que morir que sea salvando vidas”, y añadió, “¿Cuántos culpables en ambos bandos pudo haber en aquella guerra? ¿Tal vez media docena?  Cada día lloro por el millón de muertos que se llevó”

Joan sabía que hacer el servicio militar obligatorio con la Segunda Guerra Mundial en marcha, a sabiendas de que Franco era afín a Hitler y que en cualquier momento podría formar parte de las potencias del “Eje”: “Trabajando en hospitales tendría menos posibilidades de ir a Europa”.

También me contó que su desarrollo se hizo a base de patata hervida, trabajando la tierra de sol a sol (tras la guerra tenían que dar los cereales al Servicio Nacional del Trigo Franquista) aunque pasa por encima de esto rápidamente, como quitándole importancia. Como diciendo: es lo que había. Eso sí, me cuenta con felicidad que cuando tenían algo de aceite para mojar las patatas asadas en el fuego, aquello era un manjar de dioses, algo delicioso. “Yo prefería los boniatos a las patatas: aguantaban blandos de un día para otro”.

Joan en su casa de Barcelona. La foto es del año 2018.


EL ABUELO DE LOS TEJADOS VERDES


Así es conocido Joan en Barcelona, ciudad actual en la que vive. Fue un auténtico pionero ya que cuando emigró de Juneda a Barcelona en los años 50 con su mujer -con una mano delante y otra detrás, dicho sea de paso-, comenzó a plantar árboles y plantas comestibles en la terraza de su casa cuando nadie hablaba de agricultura en las ciudades.

Desde hace más de 40 años tiene un huerto urbano en su piso en Barcelona con más de 70 toneladas de tierra que utiliza con fines didácticos -los enseña a personas que quieran cultivar en las ciudades- y también pedagógicos; “Si los niños aprenden a amar la Tierra y el milagro de la vida, será más fácil que de mayores sean hombres y mujeres buenos” -me cuenta convencido. Es maravilloso verle moverse de manera grácil por ese huerto -recuerda que tiene 97 años- mientras te cuenta lo que plantó, lo que va a plantar y los inventos que tiene que hacer para que los pajarillos no se coman todas las uvas, aunque la mejor cosecha, dice: “… es este maravilloso intercambio de vibraciones positivas con las plantas”.
A Joan le molesta que digan que en los huertos existan malas hierbas. “Todas las hierbas son buenas, son hijas de Dios, de la naturaleza”. Y me cuenta con ternura cómo arranca las malas hierbas y las devuelve a la propia tierra pidiéndoles perdón. Y es que claro, 
Ese ha sido siempre su Misión en la vida: enseñar a los demás a amar y respetar la vida; y lo hace a través de su amor a la naturaleza. Su visión es clara: “La naturaleza es vida; las plantas son todo corazón, ¡claro! Por eso se te pasan todos los males cuando vas a la naturaleza, porque te dan sus buenas vibraciones. Así que si el hombre es capaz de amar la naturaleza, también amará la vida y respetará el resto de seres humanos.” 

Yo con Joan en su casa de Barcelona. La foto es del año 2019.


LA CONCIENCIA: O CÓMO MORIR EN PAZ


Cuando uno tiene 97 años, existe un pensamiento reiterativo: la muerte. Lo cierto es que en una ocasión le pregunté cómo afronta su vida, cómo ve su futuro, cómo se vive sabiendo que tal vez uno se encuentre ya en el tiempo de descuento; es alucinante la tranquilidad con la que habla del tema y la asunción de que sabe que el fin de su vida tal y como la conoce ahora llegará más pronto que tarde.
Un día me dijo: “Iván, le voy a dar el teléfono de mi hijo Toni: ya sabe usted, por si acaso”. Por si acaso. 
Y es que Joan ha conseguido algo que no se consigue con dinero, poder o riquezas. Algo que no te enseñan en el colegio, ni en el trabajo… Ni si quiera te lo enseñan tus padres o tu pareja. Es algo que solamente se puede interioridad a través de uno mismo y sus propias experiencias y pensamientos: tener paz en los últimos años de la vida y, aún sabiendo que uno ya le está robando minutos a la vida, seguir hacia adelante con tesón y sentido.
¿Cómo lo hace? ¿Cómo consigue no temer a la muerte?  Joan vive con propósito: cada día tiene quehaceres que le llenan profundamente… Y siempre ha sido así. Dice que ha vivido cada momento de su vida, cada instante, cada decisión, cada victoria y cada derrota tan plenamente -incluso los momentos en los que se iba de noche al campo y volvía de noche a casa- que piensa que “Tengo 97 años, sí, pero siento que he vivido 200 así que no tengo ningún pesar por dejar este mundo”.
Cuando le pregunto por el secreto de una vida tan longeva y sabia, me contesta: “Vivo con amor. Siempre lo he hecho así. Anhelo sin envidiar y siempre tengo buenos sentimientos para todo el mundo. ¡Estoy convencido de que alarga la vida!”. En la entrevista telefónica que le hice el pasado mes de agosto del año 2020 -y que está disponible en el libro a través de un código QR- me dijo algo maravilloso al hilo de este pensamiento: “Cuando amamos y deseamos el bien, entonces encontramos en nosotros un pedacito de Dios: la conciencia… Y la conciencia lo cambia todo”.
Reconozco que hablando y conviviendo con Joan durante todo este tiempo para escribir su historia de vida, se me ha quitado toda la tontería de un plumazo. Lo tengo clarísimo: de mayor quiero ser Joan.

La historia de Joan junto con la entrevista telefónica que le hice, están en mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”. Un libro donde cuento las actitudes y modos de comprender la vida de aquellas personas corrientes que han encontrado sentido a su vida personal y profesional.

 

 

 

SOMOS AFORTUNADOS:  David Carricondo (La extraordinaria vida de la gente corriente)

SOMOS AFORTUNADOS: David Carricondo (La extraordinaria vida de la gente corriente)


EL CAMINO DE SANTIAGO


El Camino de Santiago es una herramienta de crecimiento personal alucinante, una de las más potentes, diría yo.

¿Por qué?

Durante el tiempo que pasas en el Camino, tus prioridades junto con tus pensamientos, cambian: caminar 20-30 kilómetros al día influye en tus pensamientos, créeme. Y lo más importante, tu modo de relacionarte con los demás y contigo mismo también cambian.

Eso sí: cambian para bien.

Te vuelves, tal vez sin querer, en una persona más social: compartes más, sonríes más, respetas más. Sin darte cuenta, comienzas poco a poco a pensar menos… Y a sentir más.

De un modo no premeditado comienzas a liberarte de prejuicios y, también muy curioso, te liberas parcialmente de necesidades que tan solo unos días atrás creías como irrenunciables.

Hito o mojón entre Salas y Bondenaya que muestra al peregrino que se encuentra dentro del Camino de Santiago 


UN HOSPITALERO ESPECIAL


David Carricondo es un hospitalero del Camino de Santiago; durante la Edad Media no había albergues como hoy en día, solo había hospitales: lugares donde no solo dar cobijo a los peregrinos, sino también darles un mínimo de atención sanitaria de modo que pudiesen continuar el peregrinaje que en la mayoría de los casos se hacía en condiciones extremadamente peligrosas. “Los antiguos peregrinos venían a morir al Camino: los tomaban a veces por locos” -me contó David en una ocasión.

Este maravilloso hospitalero no solo te dará cobijo en su casa: también te recibirá con un sentido abrazo y te curará las ampollas, te dará de comer, te ofrecerá bebidas frescas en verano y calientes en invierno, te lavará la ropa y te escuchará. Te escuchará como nadie porque sabe que si estás haciendo el Camino es porque estás buscando algo; tal vez respuestas o tal vez preguntas, tal vez pasar página o tal vez escribir una nueva página en tu vida. Así, creará el espacio necesario para la convivencia…, o para la introspección, si es eso lo que deseas. Además, él cobra la voluntad: “Así contribuyo a que todo el mundo sin excepción pueda vivir esta experiencia tan mágica y reparadora que es el Camino de Santiago” -me dijo David con orgullo y firmeza.

Algo que me impactó mucho de mis charlas con él fue su modo de definir el Camino de Santiago: “Es una línea de realidad en un mundo irreal. Aquí, todo el mundo se respeta y comparte todo lo que tiene. Esto es lo que debería de ser siempre la vida entre las personas”.

Por todo esto, David no es un hospitalero cualquiera: “David te marca el Camino” en palabras de mi buen amigo Andrés Fernández, la persona que me hizo saber de la existencia de nuestro protagonista y su albergue. David no entiende cada grupo de peregrinos del día como seres individuales: él los ve como su “familia”; “Cada día tengo una familia diferente; una familia con la que crecer, compartir, sentir, aprender y también querer”-me dijo en una de mis entrevistas con él. Solo pasando una noche ahí comprenderás por qué a las 17:00 eres un peregrino rodeado de desconocidos y a las 23:00 ya eres un miembro más de la familia de ese día.

Personalmente conocí a David Carricondo en el 2017, año en el que comencé mis vivencias y entrevistas con el ánimo de incluirle en mi libro La extraordinaria vida de la gente corriente; desde entonces es raro el año que no me dejo caer por su albergue: a veces como peregrino, a veces como amigo. Pero siempre como un ser humano buscando un espacio de recogimiento, un refugio de la vorágine, una conversación reparadora.

Mi última visita se produjo después del confinamiento por el Covid en España, en agosto del 2020. Aproveché para regalarle un cuadro con una de las ilustraciones que aparecen en el libro e inspiradas en su historia de vida y en su albergue y, de paso, grabar una entrevista que actualmente está accesible desde el libro impreso.

Ilustración del libro “La extraordinaria vida de la gente corriente” que le regalé a David. La ilustración es de Laura Virumbrales

Durante la entrevista me contó cómo consiguió salir adelante durante el confinamiento: aunque tuvo que cerrar el albergue, aprovechó para reestructurarlo y para construir un pequeño apartamento en el bajo de su casita. Además hizo un huerto, crió varias gallinas ponedoras y también ayudó, un día sí y otro también, a las personas mayores del pueblecito de Bodenaya que se habían quedado aisladas.

Como producto del confinamiento, su compañera Celia estuvo experimentando en la creación de jabones, papel reciclado y cremas artesanales y que ahora están disponibles a la venta en su albergue bajo el sobretítulo de “Frutos del confinamiento”.

“Frutos del confinamiento”: jabones, papel reciclado y cremas corporales artesanales


“SOMOS AFORTUNADOS”


Yo entrevistando a David Carricondo en el porche de su albergue de peregrinos en Bodenaya en agosto del 2020

Al final de la entrevista, le hice esta pregunta a nuestro protagonista: “David, imagina que este libro junto con la entrevista que estamos haciendo se hace viral y llega a miles de personas, ¿qué mensaje te gustaría compartir con el mundo?”.

Antes de responder, David me mira, mira al horizonte durante unos instantes, vuelve a mirarme decidido y asintiendo con la cabeza, me dice:

Pues…, que somos afortunados” -en este momento David  no puede contener unas lágrimas de emoción. “Todos los días la vida nos da un regalo, Iván, y estamos aquí para vivirla. Les diría que se necesitan pocas cosas para vivir… Y que tomemos conciencia de la existencia: de que nos paremos, de que intentemos relajarnos 5 minutos y sentir que estoy aquí, estoy vivo, esta es mi vida, qué quiero hacer. Porque tenemos que ser conscientes de dónde estamos y de lo que hacemos.

Les diría que estamos aquí para ayudarnos entre todos, no somos ombligos, entre todos formamos un cuerpo entero etéreo, precioso y maravilloso. Y ya está. Y que nos sintamos afortunados… Al fin y al cabo la vida es eso, tomar decisiones, que a veces duelen… Pero al mismo tiempo esas decisiones son oportunidades y que saldrán bien o saldrán mal, pero una lección aprenderemos… Y nos equivocaremos, y nos volveremos a levantar… Y eso nunca es malo; equivoquémonos, que nos hará más sabios.

¿Sabes? Somos buscadores en la vida; buscadores de preguntas, de respuestas, de experiencias vitales. Mira, el Camino no se mide en kilómetros y la vida tampoco se mide en años, se mide en experiencias: lo que tú vivas, lo que tú experimentes, lo que tú aprendas. Dentro de, esperemos muchísimos años, cuando estemos en nuestro lecho de muerte no te acordarás de cuántos años tienes; sin embargo, sí recordarás esas experiencias que viviste, la gente que conociste en tu vida: tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos, tu entorno social. Y eso será lo que te dé esa tranquilidad para marcharte… Entonces, preparémonos para ese momento, para que cuando llegue, sea un momento de calidad… Y nada más”.

Nada más.

Y nada menos.

Gracias David por marcar no solo el Camino de centenares de personas todos los años, sino también por ayudarnos a ver la vida desde un punto de vista diferente; un punto de vista donde nos atrevemos a vernos como parte de algo más grande y donde cada día podemos entenderlo como un regalo y que debemos estar aquí para vivirlo, para sentirlo, para contarlo.

Al menos a mí, me has marcado. De corazón espero que sigas en esa “línea de realidad” muchos, muchos años más. Estoy convencido de que el mundo es un lugar mejor contigo ayudando a las personas a sentir más, a tener más conciencia de uno mismo… Y a disfrutar.

Gracias por ser.

Recuerda que puedes ver la entrevista y conocer en profundidad la historia de David en mi libro La extraordinaria vida de la gente corriente. Un libro donde cuento la historia de 10 personas corrientes (5 hombres, 5 mujeres) que disfrutan de su actividad profesional a la par que marcan una verdadera diferencia con su trabajo, contribuyendo, a su modo, a crear un mundo mejor ahí fuera. A través del libro, tendrás acceso en exclusiva a una entrevista con David.

Ah! Y si haces el Camino Primitivo y te dejas caer por el albergue de David, también podrás hacerte con una copia del libro.