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GENERADOR DE AMOR – Joan Carulla (La extraordinaria vida de la gente corriente)

GENERADOR DE AMOR – Joan Carulla (La extraordinaria vida de la gente corriente)


¿QUÉ ES UN GENERADOR DE AMOR?


Un generador de amor, para Joan Carulla, es una persona que ama a los demás de forma incondicional consiguiendo no solo irradiar ese amor en beneficio de los demás, sino también disfrutar su propias carnes la energía y disfrute de amar. Las personas que reciben ese amor a su vez pueden generar más amor, iniciando así una reacción en cadena que podría ser imparable.

¿Lo curioso? Esta idea se le ocurrió a Joan cuando tan solo era un niño. Qué cosas, ¿verdad? Muchas veces son los niños los que tienen las ideas más originales y sencillas… Aunque no por ello menos potentes o carentes de sentido.

Nuestro protagonista es un tipo especial. Nació en el año 1923 y por sus ojos han pasado 2 dictaduras (Primo de Rivera y Franco), una República -alucinante la claridad con la que recuerda su proclamación en 1931- y la actual monarquía parlamentaria democrática. Además, su padre fue llamado a filas a comienzos de siglo para ir a la guerra del Rif en África, hecho que transformó a su padre en un pacifista, pasando ese ideal también al -entonces- pequeño Joan: “Mi padre me hizo leer el libro de Abajo las armas de Bertha Von Suttner siendo un niño; me marcó profundamente”. 

 


MORIR SALVANDO VIDAS


Joan, debido a su juventud por entonces, no combatió en la Guerra Civil española, aunque le tocó vivir aquella guerra y la posguerra en primera persona: me cuenta por ejemplo cómo su pueblo, Juneda (Lleida) fue bombardeado en 1938 por aviones italianos y se vio obligado a ir huir al monte: “Murieron 5 personas aquel día, aunque habría que sumarle un cero o dos a esa cifra si no nos llegan a avisar con antelación”, o cómo al llegar la dictadura y absolutamente abrumado por el horror de las guerras, decidió presentarse como voluntario en el servicio militar obligatorio para trabajar en Hospitales militares: “Que tristeza morir matando; si tengo que morir que sea salvando vidas”, y añadió, “¿Cuántos culpables en ambos bandos pudo haber en aquella guerra? ¿Tal vez media docena?  Cada día lloro por el millón de muertos que se llevó”

Joan sabía que hacer el servicio militar obligatorio con la Segunda Guerra Mundial en marcha, a sabiendas de que Franco era afín a Hitler y que en cualquier momento podría formar parte de las potencias del “Eje”: “Trabajando en hospitales tendría menos posibilidades de ir a Europa”.

También me contó que su desarrollo se hizo a base de patata hervida, trabajando la tierra de sol a sol (tras la guerra tenían que dar los cereales al Servicio Nacional del Trigo Franquista) aunque pasa por encima de esto rápidamente, como quitándole importancia. Como diciendo: es lo que había. Eso sí, me cuenta con felicidad que cuando tenían algo de aceite para mojar las patatas asadas en el fuego, aquello era un manjar de dioses, algo delicioso. “Yo prefería los boniatos a las patatas: aguantaban blandos de un día para otro”.

Joan en su casa de Barcelona. La foto es del año 2018.


EL ABUELO DE LOS TEJADOS VERDES


Así es conocido Joan en Barcelona, ciudad actual en la que vive. Fue un auténtico pionero ya que cuando emigró de Juneda a Barcelona en los años 50 con su mujer -con una mano delante y otra detrás, dicho sea de paso-, comenzó a plantar árboles y plantas comestibles en la terraza de su casa cuando nadie hablaba de agricultura en las ciudades.

Desde hace más de 40 años tiene un huerto urbano en su piso en Barcelona con más de 70 toneladas de tierra que utiliza con fines didácticos -los enseña a personas que quieran cultivar en las ciudades- y también pedagógicos; “Si los niños aprenden a amar la Tierra y el milagro de la vida, será más fácil que de mayores sean hombres y mujeres buenos” -me cuenta convencido. Es maravilloso verle moverse de manera grácil por ese huerto -recuerda que tiene 97 años- mientras te cuenta lo que plantó, lo que va a plantar y los inventos que tiene que hacer para que los pajarillos no se coman todas las uvas, aunque la mejor cosecha, dice: “… es este maravilloso intercambio de vibraciones positivas con las plantas”.
A Joan le molesta que digan que en los huertos existan malas hierbas. “Todas las hierbas son buenas, son hijas de Dios, de la naturaleza”. Y me cuenta con ternura cómo arranca las malas hierbas y las devuelve a la propia tierra pidiéndoles perdón. Y es que claro, 
Ese ha sido siempre su Misión en la vida: enseñar a los demás a amar y respetar la vida; y lo hace a través de su amor a la naturaleza. Su visión es clara: “La naturaleza es vida; las plantas son todo corazón, ¡claro! Por eso se te pasan todos los males cuando vas a la naturaleza, porque te dan sus buenas vibraciones. Así que si el hombre es capaz de amar la naturaleza, también amará la vida y respetará el resto de seres humanos.” 

Yo con Joan en su casa de Barcelona. La foto es del año 2019.


LA CONCIENCIA: O CÓMO MORIR EN PAZ


Cuando uno tiene 97 años, existe un pensamiento reiterativo: la muerte. Lo cierto es que en una ocasión le pregunté cómo afronta su vida, cómo ve su futuro, cómo se vive sabiendo que tal vez uno se encuentre ya en el tiempo de descuento; es alucinante la tranquilidad con la que habla del tema y la asunción de que sabe que el fin de su vida tal y como la conoce ahora llegará más pronto que tarde.
Un día me dijo: “Iván, le voy a dar el teléfono de mi hijo Toni: ya sabe usted, por si acaso”. Por si acaso. 
Y es que Joan ha conseguido algo que no se consigue con dinero, poder o riquezas. Algo que no te enseñan en el colegio, ni en el trabajo… Ni si quiera te lo enseñan tus padres o tu pareja. Es algo que solamente se puede interioridad a través de uno mismo y sus propias experiencias y pensamientos: tener paz en los últimos años de la vida y, aún sabiendo que uno ya le está robando minutos a la vida, seguir hacia adelante con tesón y sentido.
¿Cómo lo hace? ¿Cómo consigue no temer a la muerte?  Joan vive con propósito: cada día tiene quehaceres que le llenan profundamente… Y siempre ha sido así. Dice que ha vivido cada momento de su vida, cada instante, cada decisión, cada victoria y cada derrota tan plenamente -incluso los momentos en los que se iba de noche al campo y volvía de noche a casa- que piensa que “Tengo 97 años, sí, pero siento que he vivido 200 así que no tengo ningún pesar por dejar este mundo”.
Cuando le pregunto por el secreto de una vida tan longeva y sabia, me contesta: “Vivo con amor. Siempre lo he hecho así. Anhelo sin envidiar y siempre tengo buenos sentimientos para todo el mundo. ¡Estoy convencido de que alarga la vida!”. En la entrevista telefónica que le hice el pasado mes de agosto del año 2020 -y que está disponible en el libro a través de un código QR- me dijo algo maravilloso al hilo de este pensamiento: “Cuando amamos y deseamos el bien, entonces encontramos en nosotros un pedacito de Dios: la conciencia… Y la conciencia lo cambia todo”.
Reconozco que hablando y conviviendo con Joan durante todo este tiempo para escribir su historia de vida, se me ha quitado toda la tontería de un plumazo. Lo tengo clarísimo: de mayor quiero ser Joan.

La historia de Joan junto con la entrevista telefónica que le hice, están en mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”. Un libro donde cuento las actitudes y modos de comprender la vida de aquellas personas corrientes que han encontrado sentido a su vida personal y profesional.

 

 

 

SOMOS AFORTUNADOS:  David Carricondo (La extraordinaria vida de la gente corriente)

SOMOS AFORTUNADOS: David Carricondo (La extraordinaria vida de la gente corriente)


EL CAMINO DE SANTIAGO


El Camino de Santiago es una herramienta de crecimiento personal alucinante, una de las más potentes, diría yo.

¿Por qué?

Durante el tiempo que pasas en el Camino, tus prioridades junto con tus pensamientos, cambian: caminar 20-30 kilómetros al día influye en tus pensamientos, créeme. Y lo más importante, tu modo de relacionarte con los demás y contigo mismo también cambian.

Eso sí: cambian para bien.

Te vuelves, tal vez sin querer, en una persona más social: compartes más, sonríes más, respetas más. Sin darte cuenta, comienzas poco a poco a pensar menos… Y a sentir más.

De un modo no premeditado comienzas a liberarte de prejuicios y, también muy curioso, te liberas parcialmente de necesidades que tan solo unos días atrás creías como irrenunciables.

Hito o mojón entre Salas y Bondenaya que muestra al peregrino que se encuentra dentro del Camino de Santiago 


UN HOSPITALERO ESPECIAL


David Carricondo es un hospitalero del Camino de Santiago; durante la Edad Media no había albergues como hoy en día, solo había hospitales: lugares donde no solo dar cobijo a los peregrinos, sino también darles un mínimo de atención sanitaria de modo que pudiesen continuar el peregrinaje que en la mayoría de los casos se hacía en condiciones extremadamente peligrosas. “Los antiguos peregrinos venían a morir al Camino: los tomaban a veces por locos” -me contó David en una ocasión.

Este maravilloso hospitalero no solo te dará cobijo en su casa: también te recibirá con un sentido abrazo y te curará las ampollas, te dará de comer, te ofrecerá bebidas frescas en verano y calientes en invierno, te lavará la ropa y te escuchará. Te escuchará como nadie porque sabe que si estás haciendo el Camino es porque estás buscando algo; tal vez respuestas o tal vez preguntas, tal vez pasar página o tal vez escribir una nueva página en tu vida. Así, creará el espacio necesario para la convivencia…, o para la introspección, si es eso lo que deseas. Además, él cobra la voluntad: “Así contribuyo a que todo el mundo sin excepción pueda vivir esta experiencia tan mágica y reparadora que es el Camino de Santiago” -me dijo David con orgullo y firmeza.

Algo que me impactó mucho de mis charlas con él fue su modo de definir el Camino de Santiago: “Es una línea de realidad en un mundo irreal. Aquí, todo el mundo se respeta y comparte todo lo que tiene. Esto es lo que debería de ser siempre la vida entre las personas”.

Por todo esto, David no es un hospitalero cualquiera: “David te marca el Camino” en palabras de mi buen amigo Andrés Fernández, la persona que me hizo saber de la existencia de nuestro protagonista y su albergue. David no entiende cada grupo de peregrinos del día como seres individuales: él los ve como su “familia”; “Cada día tengo una familia diferente; una familia con la que crecer, compartir, sentir, aprender y también querer”-me dijo en una de mis entrevistas con él. Solo pasando una noche ahí comprenderás por qué a las 17:00 eres un peregrino rodeado de desconocidos y a las 23:00 ya eres un miembro más de la familia de ese día.

Personalmente conocí a David Carricondo en el 2017, año en el que comencé mis vivencias y entrevistas con el ánimo de incluirle en mi libro La extraordinaria vida de la gente corriente; desde entonces es raro el año que no me dejo caer por su albergue: a veces como peregrino, a veces como amigo. Pero siempre como un ser humano buscando un espacio de recogimiento, un refugio de la vorágine, una conversación reparadora.

Mi última visita se produjo después del confinamiento por el Covid en España, en agosto del 2020. Aproveché para regalarle un cuadro con una de las ilustraciones que aparecen en el libro e inspiradas en su historia de vida y en su albergue y, de paso, grabar una entrevista que actualmente está accesible desde el libro impreso.

Ilustración del libro “La extraordinaria vida de la gente corriente” que le regalé a David. La ilustración es de Laura Virumbrales

Durante la entrevista me contó cómo consiguió salir adelante durante el confinamiento: aunque tuvo que cerrar el albergue, aprovechó para reestructurarlo y para construir un pequeño apartamento en el bajo de su casita. Además hizo un huerto, crió varias gallinas ponedoras y también ayudó, un día sí y otro también, a las personas mayores del pueblecito de Bodenaya que se habían quedado aisladas.

Como producto del confinamiento, su compañera Celia estuvo experimentando en la creación de jabones, papel reciclado y cremas artesanales y que ahora están disponibles a la venta en su albergue bajo el sobretítulo de “Frutos del confinamiento”.

“Frutos del confinamiento”: jabones, papel reciclado y cremas corporales artesanales


“SOMOS AFORTUNADOS”


Yo entrevistando a David Carricondo en el porche de su albergue de peregrinos en Bodenaya en agosto del 2020

Al final de la entrevista, le hice esta pregunta a nuestro protagonista: “David, imagina que este libro junto con la entrevista que estamos haciendo se hace viral y llega a miles de personas, ¿qué mensaje te gustaría compartir con el mundo?”.

Antes de responder, David me mira, mira al horizonte durante unos instantes, vuelve a mirarme decidido y asintiendo con la cabeza, me dice:

Pues…, que somos afortunados” -en este momento David  no puede contener unas lágrimas de emoción. “Todos los días la vida nos da un regalo, Iván, y estamos aquí para vivirla. Les diría que se necesitan pocas cosas para vivir… Y que tomemos conciencia de la existencia: de que nos paremos, de que intentemos relajarnos 5 minutos y sentir que estoy aquí, estoy vivo, esta es mi vida, qué quiero hacer. Porque tenemos que ser conscientes de dónde estamos y de lo que hacemos.

Les diría que estamos aquí para ayudarnos entre todos, no somos ombligos, entre todos formamos un cuerpo entero etéreo, precioso y maravilloso. Y ya está. Y que nos sintamos afortunados… Al fin y al cabo la vida es eso, tomar decisiones, que a veces duelen… Pero al mismo tiempo esas decisiones son oportunidades y que saldrán bien o saldrán mal, pero una lección aprenderemos… Y nos equivocaremos, y nos volveremos a levantar… Y eso nunca es malo; equivoquémonos, que nos hará más sabios.

¿Sabes? Somos buscadores en la vida; buscadores de preguntas, de respuestas, de experiencias vitales. Mira, el Camino no se mide en kilómetros y la vida tampoco se mide en años, se mide en experiencias: lo que tú vivas, lo que tú experimentes, lo que tú aprendas. Dentro de, esperemos muchísimos años, cuando estemos en nuestro lecho de muerte no te acordarás de cuántos años tienes; sin embargo, sí recordarás esas experiencias que viviste, la gente que conociste en tu vida: tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos, tu entorno social. Y eso será lo que te dé esa tranquilidad para marcharte… Entonces, preparémonos para ese momento, para que cuando llegue, sea un momento de calidad… Y nada más”.

Nada más.

Y nada menos.

Gracias David por marcar no solo el Camino de centenares de personas todos los años, sino también por ayudarnos a ver la vida desde un punto de vista diferente; un punto de vista donde nos atrevemos a vernos como parte de algo más grande y donde cada día podemos entenderlo como un regalo y que debemos estar aquí para vivirlo, para sentirlo, para contarlo.

Al menos a mí, me has marcado. De corazón espero que sigas en esa “línea de realidad” muchos, muchos años más. Estoy convencido de que el mundo es un lugar mejor contigo ayudando a las personas a sentir más, a tener más conciencia de uno mismo… Y a disfrutar.

Gracias por ser.

Recuerda que puedes ver la entrevista y conocer en profundidad la historia de David en mi libro La extraordinaria vida de la gente corriente. Un libro donde cuento la historia de 10 personas corrientes (5 hombres, 5 mujeres) que disfrutan de su actividad profesional a la par que marcan una verdadera diferencia con su trabajo, contribuyendo, a su modo, a crear un mundo mejor ahí fuera. A través del libro, tendrás acceso en exclusiva a una entrevista con David.

Ah! Y si haces el Camino Primitivo y te dejas caer por el albergue de David, también podrás hacerte con una copia del libro.

 

LA DESPOBLACIÓN del MUNDO RURAL y el fenómeno de la OCUPACIÓN

LA DESPOBLACIÓN del MUNDO RURAL y el fenómeno de la OCUPACIÓN


UN MUNDO URBANO


En el año 2007 sucedió un hecho histórico e inaudito en la historia de la humanidad. Es curioso cómo algunos hechos no trascienden, aún cuando son verdaderamente importantes. Esto da que pensar: ¿son verdaderamente importantes todas las cosas que nos cuentan? Es decir, ¿nos enteramos todas las noticias o hechos que son relevantes?

No parece descabellado pensar que en realidad no nos enteramos de lo que pasa ahí fuera, sino de “lo que otros nos cuentan” en base a una discriminación de todo el amasijo de posibles noticias y eventos, ¿verdad?

En fin, reflexiones a parte: ¿qué sucedió en el año 2007? Por primera vez en la historia comenzaron a vivir más personas en ciudades que en entornos rurales. Es decir: el mundo comenzó a ser urbanita. Y esto no es baladí: las ciudades son un contexto en el que nuestra forma de relacionarnos y de pensar acerca de muchas cosas, cambian.

Así, según algunos sociólogos como Georg Simmel, en las ciudades tendemos a tener relaciones más efímeras con otros seres humanos, primando las relaciones comerciales y/o económicas. Además, en las ciudades tendemos a un comportamiento más individual y a desentendernos del origen y de las condiciones de lo que consumimos, muchos de estos enseres cultivados o fabricados en su mayoría fuera de nuestras ciudades. 

No, definitivamente, el proceso de urbanización de la humanidad no es una noticia que debamos pasar por alto: de algún modo afecta a nuestro modo de comprender las sociedades y al mundo en su totalidad. 

 


DESPOBLACIÓN DEL MUNDO RURAL 


Pueblo abandonado de Brusquetes – Asturias

Como cabe esperar, el aumento de las personas viviendo en ciudades trae consigo otro efecto: la despoblación del entorno rural y sus consecuencias inmediatas tales como la desatención del patrimonio natural y cultural o el aumento del impacto medioambiental negativo per capita, entre otros.

Bien, hoy voy a poner encima de la mesa algunos datos relacionados con esta realidad que está sucediendo a nivel mundial y que es especialmente demoledora con mi tierra, Asturias, una región situada en el norte de España.

Aviso: los datos son duros.

Asturias sufre el mayor incremento de la despoblación de España, perdiendo casi 50.000 habitantes desde el año 2000.

La edad media en Asturias es de 48,33 años. Efectivamente: hay pueblos donde es más fácil encontrarte un oso pardo que un guaje.

Asturias tiene la tasa de suicidios más alta de España (13 por cada 100.000 habitantes, la media en España es de 8,7). Es decir, unas 160 personas deciden quitarse la vida todos los años por estos lares. Algunos concejos repuntan a 20 por cada 100.000, lo que nos sitúa en el lugar de Europa con más suicidios. Más que incluso cualquier país nórdico. Ahora, cuando alguien diga que aquí al menos somos más felices, que se lo piense dos veces

La tasa de paro juvenil supera el 40% lo que hace que en los últimos 10 años más de 40.000 jóvenes hayan emigrado fuera de esta tierra.

Solo el 18,3% de de los jóvenes entre 16 y 29 años consigue emanciparse, y los que lo consiguen destinan un 60% de su sueldo al pago de un alquiler.

En Asturias hay 83.000 viviendas vacías (aproximadamente, descontad las viviendas alquiladas en B, que serán unas cuantas).

En Asturias existen 880 pueblos vacíos, 331 que solo tienen 1 habitante y más de 3000 son los que tienen 9 o menos.

Voy al lío.


OCUPACIÓN EN EL MUNDO RURAL: EL SENTIDO DE UNA PRÁCTICA


Recientemente y para un estudio sociológico impulsado por la UNED donde estudio el grado de Sociología sobre el fenómeno de la ocupación, entrevisté a personas que decidieron ocupar viviendas derruidas o con un deterioro importante en el mundo rural, a su vez en pueblos abandonados o semi-abandonados.

Tuve la oportunidad de entrevistar, por ejemplo, a las personas que llevaban viviendo varios años de forma ilegal en la Casona de Ronzón, en el concejo de Lena (Asturias), y que a las pocas semanas de mi visita fueron desalojadas por la policía. La casona asturiana estaba en estado de abandono cuando la ocuparon y comenzaron a vivir en ella a la par que la mantenían y le daban un uso comunitario.

Durante mi visita vi con mis propios ojos cómo cultivaban las tierras que, de no ser por ellos, estarían abandonadas y con hierbas silvestres creciendo desconsoladamente.

Me contaron cómo rehabilitaron parte de la casa y de algunas casas adyacentes, en ruinas. Pude incluso conversar con una de las chicas que vivía en dicha casa y en los años que le costó rehabilitarla por sus propios medios.

Me contaron todos los eventos culturales, acercamiento a otras culturas, clases de cocina, clases de inglés y un largo etcétera que organizaron en los últimos años.

Me contaron con una sonrisas que también los vecinos les gusta que estén por ahí: dan vida a la zona.

Curioso, se indignan cuando los llaman “Okupas”, con “k”; esa demonización que, según ellos, les pone la etiqueta de delincuentes: una etiqueta que asocian a “antisistema” o “no sabes lo que haces”.

También me explicaron su frustración cuando pedían una cesión temporal de los terrenos, con la negativa de la administración como respuesta. Y, convencidos, me dijeron que lo que consiguió la administración es que se reafirmasen más en vivir ocupando, convirtiéndolo en un modo de protesta social.

Empaticé profundamente con la causa. Las nuevas generaciones están viviendo una crisis de expresión nunca vista ya que los caminos de inserción sociolaborales no están funcionando como solían funcionar; además, ya no se identifican con cosas que nos interesaban a nosotros como la política, el trabajo, la familia o la religión. Se ven fuera de la sociedad y no nos preocupamos de atender de manera concienzuda esta “cuestión juvenil”.

Ilustración de Moi Ramera

¿Sabes? Ante la impotencia de falta de alternativas, las personas creamos movimientos “desviados” que retan las leyes establecidas para poder abrirnos un camino alternativo, sobre todo si el camino que te desdibujan es del tipo que os acabo de contar más arriba.

¿Sabes? Todos los movimientos ciudadanos que consiguieron verdaderos cambios sociales y que hoy podemos disfrutar, comenzaron superando algunas leyes. Comenzaron “saltándose” algunas leyes.

Me estoy acordando, por ejemplo, de Rosa Parks, mujer negra que en 1955 decidió hacer caso omiso a la ley que le exigía dejar libre un asiento del autobús a los blancos. Por tal acción acabó en la cárcel al tiempo que encendió la mecha de movimiento a favor de la igualdad de derechos entre blancos y negros y un cambio de paradigma social importantísimo en Estados Unidos.

Ahora podríamos verlo como un acto de sentido común, ¿verdad? ¿Por qué una persona blanca es poseedora de más derechos que una persona negra? Pues antes, amigos/as, hace tan solo unos pocos años se veía como algo intolerable: Rosa Parks estaba yendo en contra de la ley.

Las leyes establecen un marco en el que podamos movernos, es cierto. Y son necesarias: también es cierto.

Del mismo modo, no debemos olvidar que una ley que no ayuda a la sociedad a avanzar, en realidad, no la ayuda: la constriñe, la anquilosa. Así, es necesario que poco a poco las leyes evolucionen para que den aire a los nuevos retos sociales, a las nuevas necesidades de la población, a la propia evolución de las sociedades y del mundo.

Son precisamente los movimientos sociales los que retan a esas leyes para que el conjunto de la sociedad podamos poner el foco en ese aspecto social y, tal vez, si estamos de acuerdo y creemos que es algo positivo, avanzar en la conquista de más y más derechos.

Así, creo que es necesario que existan personas ahí fuera retando el “status quo”, el “todo va bien”. Nos obliga a seguir avanzando como sociedad.

No estoy haciendo apología de la ocupación en cualquier contexto o de cualquier manera: estoy abriendo la puerta a que pase algo de aire fresco y de, tal vez, comprender la realidad que nos rodea desde un lugar donde veamos todas las perspectivas, y no solo la nuestra propia.

Cada caso, circunstancia, es distinta. Aquí os estoy mostrando una parte de ella. Y desde mi propia perspectiva subjetiva, claro.

Sobre todo, creo que es importante quitar estereotipos y prejuicios.

Solo así podremos llegar a un punto de encuentro donde todas las partes nos veamos comprendidas, atendidas y respetadas.

Nota: la ilustración es de Moi Ramera

La experiencia de un presidente de mesa cualquiera, en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera

La experiencia de un presidente de mesa cualquiera, en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera

¿Quieres saber qué aprendí como presidente de mesa en las últimas elecciones generales (España – Noviembre 2019)?


MI EXPERIENCIA COMO PRESIDENTE DE MESA


Ya, ya… Lo sé. Hablar de política en los tiempos que corren es un tanto arriesgado…, sobre todo si uno quiere seguir manteniendo la energía a niveles deseados.

…Y es que está la cosa calentita. Y más aún después de esta pandemia del Covid que ha puesto patas arriba al mundo en general y a la política en particular. En realidad, para esta última, estar patas arriba no es ni meritorio ni novedoso ya que, para nuestra desgracia, seguimos confundiendo la ciencia social y el ensayo y el error para lograr mejorar el bienestar de las personas con la ideología política.

Una pena.

Pero, en fin; para tranquilidad de todas/os, hoy no hablaré aquí de ideas políticas, si no de mi experiencia personal en uno de los eventos más importantes que suceden en una democracia: elecciones generales.

Las elecciones son un proceso o forma de participación ciudadana basado en la democracia representativa aunque, métete esto a fuego: la elección de candidatos a través del sufragio para conceder a unos pocos el control absoluto de todo el chiringuito durante una cantidad ingente de tiempo no es la panacea, al contrario, tiende a la precarización del sistema democrático: la verdadera democracia se da si este proceso se complementa además cuando la población tiene acceso real y directo a proponer alternativas y gestionarlas, esto es, cuando existe democracia y participación directa.

Hey, la participación directa no es tan complicada. La ejercitas en tu comunidad de vecinos cuando decides pintar -o no- el garaje comunitario. La ejercitas cuando pones una foto de una carretera en mal estado en tu muro de Facebook etiquetando al ayuntamiento de tu pueblo, logrando que la arreglen. La ejercitas cuando te juntas con personas que tenéis una profesión común y hacéis propuestas al gobierno local, autonómico o general sobre qué medidas podrían mejorar vuestras condiciones de trabajo.

Es decir, estamos más acostumbrados de lo que creemos: tan solo tenemos que implantarlo y sistematizarlo… Y creernos de una vez que es necesario para que la sociedad evolucione de un modo inclusivo.

Reflexiones a parte, sucedió que el mes de noviembre del año 2019 por primera vez tuve que presidir una de las mesas electorales de un barrio obrero de Oviedo y, por supuesto, formar parte del escrutinio de los votos. Reconozco que cuando vino a mi casa aquel policía vestido de paisano a entregarme la notificación, lo tomé con cierta resignación y rozando incluso el enfado al principio, pero con curiosidad e interés después.

Cuando expresaba mi interés y curiosidad por pasarme todo un domingo sentado en una silla de 8:00 a 00:00, mis allegados no lo comprendían. ¿Por qué sientes curiosidad, alma de cántaro? Fácil: porque como aprendiz de sociólogo quería conocer de primera mano las tripas de todo ese proceso. No es lo mismo leer en un libro qué es la democracia representativa y los procesos de participación, que vivirlo en primera persona.

No es lo mismo. Ni de lejos.

¿La experiencia? Muy enriquecedora.  Así, comparto contigo mis aprendizajes y descubrimientos, ¿te animas a reflexionar un rato?

 

En esta foto -movida- con Tania y Ana, vocales de la mesa donde yo ejercí de presidente. ¡EQUIPAZO

1# Nos tomamos en serio esto de las elecciones

Todos los miembros de las mesas hicieron una labor tremendamente profesional: pude constatar que existe un sentimiento enorme de respeto hacia el proceso electoral; existe un deseo real y palpable de hacer las cosas correctas y justas, independientemente del resultado.

De hecho, es lo único que hace que el proceso funcione tal y como está planteado ya que todo está pensado para que todo el trabajo sea absolutamente manual y con intervención humana.

Debo decir que, pese a que existe mucho que mejorar ahí fuera, me siento muy orgulloso de vivir en una sociedad con ese sentimiento. Es cierto que tenemos mucho que mejorar en aspectos relacionados con la convivencia y la igualdad; así y todo, tengo esto clarísimo: el proceso democrático lo tenemos bastante interiorizado.

 

2# En la sala no había partidos políticos: había personas.

Todos los apoderados e interventores de los distintos partidos charlaban entre ellos de forma amigable y hasta distendida. Conmigo se portaron de forma correcta… ¡Incluso cuando tuve que quitármelos de encima de forma más o menos abrupta durante el proceso de escrutinio! 

Nota para futuros presidentes de mesa: durante el escrutinio los apoderados e interventores se acercarán cada poco para pedirte actas de los diferentes recuentos. Mi consejo: no entregues ni una triste acta hasta que no hayas terminado de firmar el último papel. Si no haces esto, terminarás el recuento a las 3 de la madrugada.

Estás avisada/o.

 

3# Sentimiento generalizado de gratitud hacia los miembros de las mesas

Al finalizar, todos nos dieron las gracias, incluyendo el policía que me escoltó hasta los juzgados y la jueza a la que le entregué el escrutinio de mi mesa electoral.

Incluso aquel interventor cuyo nombre y partido político al que representaba no quiero acordarme y que me pedía que le pusiese al día del recuento cada 5 minutos -tal vez no se fiaba de mi criterio para el escrutinio, sería el pelo largo-, al final tuvo palabras de agradecimiento hacia mi persona.

Al final, incluso, me vi dándole la enhorabuena por los resultados -inesperados- de su agrupación. De locos.

4# Sistema rudimentario de escrutinio

Experimenté lo tremendamente rudimentario del sistema de votación y el amplio margen para el error humano, sobre todo en la fase de escrutinio. En la mesa éramos 3 personas contando votos de 400 personas tras 12 horas de trabajo; es decir, el recuento, lo más importante, se hace por las mismas personas que estuvieron trabajando desde las 8:00a.m.

Llamadme loco, pero no creo que sea lo más adecuado.

 

5# Autónomos discriminados

Como autónomo me sentí discriminado: los trabajadores por cuenta ajena disfrutarían de 5 horas libres y remuneradas al día siguiente.

Yo disfruté de la nada más absoluta. Un razón más para que, si estás pensando en “emprender”,  te lo pienses dos veces.

 

6# ¿Por qué no votan los jóvenes?

La edad media del votante fue altísima en mi mesa.  Me pregunto: ¿qué sistema hemos creado que mantiene a los menores de 30 años alejados de la política? Los jóvenes están viviendo una crisis de expresión terrible, creyéndose ciudadanos infravalorados y en cierto modo engañados. No es para menos: los caminos que sirvieron para la inserción sociolaboral de los que hoy tienen 45 años, no están sirviendo para los que hoy tienen 25.

¿No te lo crees? Mira los datos del paro juvenil –el doble que la media-. Si te quedan más dudas, echa un vistazo al paro entre los chavales de entre 16 y 19 años donde es aún más acuciada.

 

7# Nos respetamos en las distancias cortas

Me di cuenta de que las personas, en las distancias cortas, tendemos a respetarnos más. Cuando tenemos a alguien delante, tendemos a comprendernos y a relajar la intensidad del discurso. Pienso que las diferencias insalvables surgen en el debate inerte de ideas imprecisas basadas en presuposiciones, creencias o, lamentablemente, prejuicios previos.

Ahí justamente está el mayor de los problemas: en los prejuicios, en las generalizaciones. Descubrí que todo eso se desvanece cuando miras al otro a los ojos, cuando comprendes la mirada y el sentido de las acciones de la otra parte.

Puedes comprender incluso a una persona que a nivel de ideología política se parece tanto a ti como Donald Trump se parece a José Mújica.

 

# Conclusión

¿Conclusión? Necesitamos relacionarnos más, vivir más con otras personas, abrirnos a entender las acciones de los demás. 

¿Tienes un amigo que opina diferente en una cuestión importante? No es un problema: yo te digo que es una OPORTUNIDAD.

Una oportunidad para poder comprender de primera mano a esa persona que quieres, que aprecias. Habla con esa persona desde el cariño, desde el amor. Piensa que tal vez esa persona ha vivido cosas diferentes para llegar a diferentes conclusiones.

Creo que hay que apagar de vez en cuando la TV y escuchar casos reales de los demás para poder empatizar y comprender el sentido de cualquier práctica, por muy extraña que nos parezca.

No hables de “ideas” o “políticas”. Habla de casos concretos que te sucedieron. Habla de personas reales enfrentando situaciones reales.

No se trata de que estés de acuerdo con la otra persona, se trata de que comprendas sus motivaciones, sus razones; así también abres la puerta a que la otra persona te comprenda también a ti. Y entonces, magia: estarás abriendo la puerta al aprecio en las diferencias.

Recuerda esto: somos seres interconectados. Todos nos necesitamos a todos.

Así que: más nos vale respetarnos.

Más nos vale amarnos.

Por qué tu OBJETIVO no debe ser REALISTA

Por qué tu OBJETIVO no debe ser REALISTA

Lo malo no es ponerte objetivos elevados y no conseguirlos; lo malo es ponerte objetivos pequeños y conseguirlos.


Objetivos REALISTAS


Se habla mucho de que nuestros objetivos han de ser realistas, pero, ¿qué es un objetivo REALISTA?

Lo que consideramos realista depende de nuestra propia experiencia previa y nuestra propia concepción sobre ese objetivo.

Es decir: es una idea en tu cabeza absolutamente parcial y subjetiva. Es una opinión, nada más que eso.

No existen objetivos “poco realistas”, lo que existen son opiniones personales y subjetivos acerca de si un objetivo es o no realista.

De este modo, te invito a que dejes de pensar en eso de que existen objetivos “poco realistas”; cuando se trata de tu propio crecimiento personal, no debemos fijarnos límites marcados por nuestra idea preconcebida (y limitada) del mundo.

En realidad, lo importante cuando te planteas un objetivo es sentir que eso, por muy elevado que sea, sea algo factible que llevará tu vida al siguiente nivel.

¿Puedes conseguir tu objetivo?

Tal vez en estos momentos no tengas los recursos necesarios o ni tan siquiera sepas exactamente cómo vas a hacerlo; aún así, tienes que tener una convicción (basada en la intuición, tal vez) de que eso que quieres es factible.

Cuidado aquí con los boicoteadores internos: en ocasiones tendemos a pensar que no podemos conseguir algo porque creemos que no podemos. Por lo tanto, para responder a la pregunta de si tu objetivo es o no realista, deberás obviar y callar todas las vocecitas del tipo “es que lo he intentado antes y no pude” o “es que soy un desastre” o “es que me disperso mucho” o  (escribe tu frase a continuación) “_____________________”.

No te dejes engañar por tus propias ideas preconcebidas sobre lo que se puede o lo que no. Simplemente trata de ser lo más práctico y realista posible tomando la decisión.

Por ejemplo: imaginemos que quieres mejora tu salud y para ello, también deberás abandonar un hábito tóxico (fumar). ¿Es realista? Lo más seguro es que sea realista para ti “dejar de fumar”, aunque puede que te asalten pensamientos del tipo: “el problema es que ya lo he intentado en el pasado y no lo conseguí” o “no sé como voy a hacer para quitar el hábito”. Este tipo de pensamientos son interferencias (que trataré en futuros posts) que tendremos que gestionar, aunque no deberán influir en tu decisión sobre si el objetivo es realista o no. El objetivo es realista, sin duda, al menos en este caso.

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Presta atención al “tamaño” del objetivo

El tamaño importa. Al menos en cuanto a objetivos se refiere. Un objetivo muy complejo o ambicioso (aunque factible) podría desanimarnos por su envergadura. 

Si sientes que tu objetivo es demasiado ambicioso te invito a que lo dividas en pequeños objetivos intermedios más manejables. De hecho, siempre que tengas un objetivo muy ambicioso deberás hacer un plan de acción con pasos a seguir e hitos a cumplir; cada uno de esos pasos es un objetivo más pequeño aunque tremendamente necesario para alcanzar tu objetivo más elevado.

Luego tu objetivo deberá ser lo suficientemente grande como para que te motive, rete, exija y obligue a empezar lo antes posible y, al mismo tiempo, deberá ser lo suficientemente pequeño como para que no te sobrepase y desanime.

Truco: presta atención a cuándo quieres conseguirlo. En muchas ocasiones me encuentro que lo que hace o no factible un objetivo tiene que ver con la fecha en la cual quieres tener tu objetivo cumplido. Así, si crees que tienes un objetivo muy “sencillo”, prueba a adelantar la fecha; y viceversa, sin tu objetivo te agobia un poco, mueve la fecha hacia adelante. 

Juegas con las fechas (o con el objetivo en sí mismo) y encuentra el tamaño adecuado para aquello quieres conseguir.

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Si puedes imaginarlo, puedes conseguirlo

Te propongo un juego: piensa en tu objetivo y también cuándo quieres tenerlo realizado. Ahora, relájate en algún lugar con cierta intimidad y cierra los ojos e imagina que puedes ir al futuro; un futuro unos meses más allá de haber cumplido tu objetivo. 

¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Cómo te sientes? ¿Qué te aporta haber alcanzado tu objetivo?

¿Eres capaz a imaginarte con tu objetivo cumplido? Si la respuesta es “no”, piensa que tal vez tengas que o bien cambiar la fecha de su consecución, o bien centrarte en el primer sub-objetivo (más cercano en el tiempo y más factible).


Basado en todo lo que acabas de leer,  te propongo una herramienta para que certifiques oficialmente tu objetivo como “realista”, ¿vamos a por ello?

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Herramienta #: Convéncete de que tu objetivo es realista


1# Elimina las interferencias

Cambia o transforma tu objetivo hasta que contestes positivamente a estas preguntas:

  • ¿Es mi objetivo factible, independientemente de los recursos, ayuda o información que ahora desconozco y que tendré que conseguir?
  • ¿Es mi objetivo factible, independientemente de los pensamientos o ideas preconcebidas que tengo sobre este tema en particular?

2# Asegúrate del tamaño del objetivo

Cambia o transforma tu objetivo hasta que contestes positivamente a estas preguntas:

  • ¿Es mi objetivo lo suficientemente grande como para que me empuje a la acción, me rete y exija?
  • ¿Es mi objetivo lo suficientemente pequeño como para que no me sobrepase, abrume y desanime?
  • ¿En cuántos sub-objetivos se divide este objetivo y por cuál de ellos tiene más sentido comenzar?

3# Imagina que lo has conseguido

Viaja al futuro con tu imaginación: tienes que ser capaz a verte a ti mismo/a con el objetivo cumplido. Cambia o transforma tu objetivo hasta que puedas visualizarte. Recuerda que si no eres capaz a visualizarte consiguiendo tu objetivo, deberás centrar tu atención en otro objetivo intermedio y necesario para comenzar el viaje con al motivación necesaria.


¿Quieres ampliar información? Vuelve al artículo “Cómo formular objetivos