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FELICIDAD: ojalá me hubiesen contado esto antes

Escrito por: Iván Ojanguren
Publicación: abril 14, 2019

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Descubre por qué el sacrificio ahoga tu felicidad y limita la expresión de tu talento


Cultura del esfuerzo


“Cultura del esfuerzo y sacrificio” publicitan algunas escuelas. “Hay que enseñar ya desde la infancia que la vida es dura”, “El esfuerzo prolongado compensa”, dicen algunos. “Trabaja duro, sacrifícate y llegarás alto.” dicen otros.

Tendrías que estar viendo la cara de dolor de estómago que estoy poniendo.

Voy a ser directo en este aspecto: no creo en el sacrificio. Ni tampoco en el esfuerzo. Para mí, son lo mismo.

Sé que hay personas que dicen: “Pues no es lo mismo, el sacrificio es peor que el esfuerzo“. Bueno, sí y no. Al final me he dado cuenta de que ese lugar donde termina el esfuerzo y comienza el sacrificio es diferente para cada persona así que, al final, es todo subjetivo. Lo que para unos es todavía esfuerzo puede ser ya un sacrificio para otros y viceversa.

La idea que te propongo es: esfuerzo y sacrificio son lo mismo. Así, nunca habrá debate. Si algo te cuesta (mucho o poco), estamos hablando de lo mismo: algo que no quieres hacer pero que, por la razón que sea, te convences a ti mismo de que tienes que hacerlo. 

Pero, volvamos: no creo en el sacrificio.

Tal vez no estés de acuerdo conmigo. Te entiendo. Y te respeto. En serio.

Tal vez eres de lo que piensan: “Pues a mí siempre me ha ido bien creyendo en el esfuerzo y el sacrificio”. Si es tu caso, te pido por favor que te quedes conmigo: lo que tengo que decirte es de extrema importancia.

A lo largo de las siguientes líneas explicaré que todo lo necesario para conseguir tus objetivos en la vida requieren determinación, energía, foco, tiempo y perseverancia, es cierto, pero no necesariamente “sacrificio”.

Como siempre: no pretendo convencerte de nada. Eres libre. Es más: no creas ni una palabra de lo que estás a punto de leer.

Solo quiero hacerte pensar.

¿Te atreves? 

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El sacrificio y la felicidad


¿Te cuento un secreto? Bueno, más bien un secreto a voces: sacrificio y felicidad son incompatibles.

Así, cada vez que siento que me sacrifico sé que estoy postergando la felicidad. Estoy nublándola. Me estoy permitiendo ser infeliz con la esperanza de que eso que estoy haciendo me dirija a un lugar mejor, más feliz.

¿Quieres dejar de postergar la felicidad? Fácil, elimina el sacrificio de tu vida.

Mira, creo que por el mero hecho de ser persona ya tienes la felicidad. No es algo que tengas que “conseguir”; sin embargo, sí es algo que tienes que guardar, abrazar, nutrir, mimar, elevar, proteger, blindar.

Cada vez que te sacrificas te estás permitiendo darle un palo a tu felicidad. Palos a tu felicidad: no me parece demasiado hábil.

Otra cosa diferente es que sientas que es la mejor opción que tienes ahora mismo. Eso no lo discuto: es legítimo pensar de este modo dadas tus propias circunstancias. Respeto tu decisión de “sacrificarte” en este sentido.

La reflexión que te planteo es diferente: mientras dura eso que haces que recoges como sacrificio, dile adiós a tu felicidad.

Es así. 


El sacrificio y el merecimiento


El verano de 2016 estuve en Lanzarote (Islas Canarias) con mi pareja; el último día decidimos tomar una última copa después de cenar en Arrecife; de camino al (único) bar que quedaba abierto a las 1:00 a.m. nos encontramos a dos chicos muy majos que nos acompañaron hasta el local en cuestión. 

Tenían unos 22 años y estaban terminando sus respectivas carreras universitarias (Publicidad y Ciencias Políticas, si no recuerdo mal). Resulta que estaban tremendamente frustrados e indignados con el sistema; literalmente me dijeron: “Nuestros padres se han esforzado mucho para que estudiemos en la península y yo llevo sacrificándome 4 años para terminar esta carrera y, ¿qué obtengo a cambio? Nada. Esto es un desastre. Estoy indignado. Me merezco un trabajo después de todo lo que he pasado”.

Interesante. Osea que hay personas que creen en el sacrificio pero que al mismo tiempo se indignan si no consiguen lo que quieren a través del sacrificio, justamente porque se han sacrificado. 

¿Se ve la gran paradoja? Rebobino. 

Es decir: Me sacrifico, pero, ¡ay si no consigo lo que espero conseguir a través de ese sacrificio! Tiembla mundo. Mi ira caerá sobre el sistema, mi pareja, mi jefe, mis padres o incluso sobre mí mismo. 

Y mucho peor: estas personas tienden a señalar con el dedo y desmerecer los éxitos de otras personas que han conseguido, tal vez sin sacrificarse (aparentemente), lo que ellos ansiaban. “No se lo merecen”, dicen,  “Lo han conseguido sin esforzarse”. Grave el asunto, ¿verdad?

Por favor: mucho ojo con esperar algo a cambio del sacrificio ya puede ser el camino más rápido a la frustración. Seguro que conoces más casos parecidos al de estos dos chicos. Seguro que incluso en alguna ocasión tú mismo/a has vivido algo así en primera persona. Yo he vivido unas cuantas.

Mi lectura de esta anécdota es que una parte de la sociedad (cada vez menos) tiende a “premiar” a aquellos que se sacrifican; total que, del mismo modo, muchas personas tienden a pensar que se merecen esto o lo otro si se sacrifican. Es “el premio”.

Pero, ay amigo, el premio a veces no llega; sin embargo sí que pueden llegar otras cosas en su lugar: frustración, indignación, rabia, sensación de que “otros” tienen que hacer algo porque “yo ya he hecho mi parte” sacrificándome.


Déjame decirte algo: tú te mereces todo. Pero no te lo mereces por sacrificarte. Te lo mereces por tu condición de humano único e irrepetible y también por todo lo que  puedes aportar al mundo con todo tu talento y conocimiento.


Estudiar una carrera (o cualquier otra formación del tipo que sea) no te da derecho a nada. La información que has obtenido con esos estudios: ese es el premio. Es tu deber pensar cómo vas a entregar ese conocimiento al mundo de forma que soluciones problemas o lleves la sociedad a otro nivel. No puedes delegar esa tarea a otra persona.

Y lo mismo se puede llevar a cualquier actividad que decidas hacer; deberás hacerla porque sientes que tiene sentido hacerla, no solo porque esperes conseguir algo a cambio. 

Ya, ya. Lo sé. Demasiado profundo. Pero claro, el tema lo requiere.

Recuerda que tan solo quiero hacerte pensar.


La gran mentira del sacrificio


Los defensores del sacrificio suelen alegar que esa es la única manera de hacer cosas, de aportar valor a la sociedad y de conseguir objetivos; es decir: si te esfuerzas, aportarás y conseguirás mucho, y todo lo contrario si no te sacrificas.

Menuda falacia, amigos. 

Es tan solo una creencia. Algo que algunas personas creen. Pero no es verdad. Tal vez tú hayas conseguido muchas cosas sacrificándote pero, ¿a qué precio? Además, ¿quién dice que no existan otras maneras de conseguir lo que te propongas?

Mira, yo llevo varios años sin sacrificarme (justo desde que dejé mi anterior empleo) y en todo este tiempo he montado un blog con más de 50 artículos, he leído una media de 4 libros mensuales, he creado una submetodología de coaching, he creado una web con un montón de contenido, he publicado dos libros (y tengo notas para otros tres más), he hecho centenares de horas de coaching individual y he creado un montón de cursos de desarrollo personal y conferencias que he presentado en docenas de ocasiones. 

¿Cómo lo he hecho?

Desde luego no ha llovido del cielo. Pero ¿sabes? Me lo he gozado. He disfrutado cada palabra que he escrito. He sentido en cada instante que eso que estaba haciendo era lo que quería hacer; no había posibilidad de decir: “Uuuhhmmm, ahora tengo que presentar un seminario aunque estaría mejor haciendo cualquier otra cosa”. ¡Qué va! Siempre he estado entusiasmado con todo lo que estaba haciendo.

Pero, ¡ey! Tal vez no me haya sacrificado pero eso no significa que no me haya esmerado mucho dedicándole muchas horas, mucho foco, mucha pasión, mucha determinación, mucha energía, mucha resiliencia y perseverancia.

Lo más importante: puedes tener todo eso sin sacrificarte comprendiendo que lo que estaba haciendo tenía un sentido más amplio para mí y para las personas que pretendía servir con mi trabajo.
Mi impresión es que en general nos sacrificamos porque se supone que es lo que se espera que hagamos; es lo que se supone que tenemos que hacer para conseguir cosas. Pero, amigos míos, en el fondo, no queremos sacrificarnos. Por eso nos frustramos tanto al no conseguir lo que esperamos.


Sacrificio y talento son incompatibles


El talento es aquello que haces bien de forma natural; es una aptitud innata para realizar una determinada actividad. Así, cuando expresas tu talento todo fluye, no te cuesta trabajo eso que haces, no te da pereza hacerlo, te carga las pilas; es decir, todo lo contrario a sacrificarte.

Si te sacrificas, es literalmente imposible que consigas las excelencia en aquello que haces; tal vez sí que estés dando todo lo que puedes dar (pero a través del sacrificio), obteniendo un rendimiento muy por debajo de alguien que haría esa misma actividad sin sacrificarse.

¿Es posible que de algún modo expreses tu talento y al mismo tiempo te sacrifiques? Sí, es posible. En este caso es probable que o bien la manera de entregar tu talento o bien el fin último al que responde lo que haces no estén totalmente alineados con lo que consideras correcto o ético en ese momento. Te guste o no, aún expresando tu talento, si te sacrificas no estarás dando la excelencia en eso que estás haciendo.

Estarás en cualquier caso ahogando la expresión de tu talento.

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Herramienta# ¿Cómo vivir sin sentimientos de sacrificio?


Soy consciente de que el sacrificio es un tema profundamente subjetivo. Y también soy consciente de que en ocasiones te sentirás legitimado para defender el sacrificio. Te entiendo y respeto. De verdad.

Así todo, si has llegado hasta aquí tal vez te apetezca empezar a enfocar tu vida de un modo diferente. Te sugiero las siguientes reflexiones e ideas para tratar de ir desplazando al sacrificio de tu vida. 

1# Muévete solo en contextos en los que eres bueno/a

Los sentimientos de sacrificio más habituales se dan debido a que no somos buenos en esa tarea que estamos llevando a cabo (y en la que sentimos que nos sacrificamos).

Así, dejarás de sacrificarte cuando solo te muevas en contextos en los que expresas talento y marcas una diferencia con lo que haces. ¿Cómo encontrar tu talento? Te lo expliqué en mi conferencia “Cómo encontrar tu talento”

2# Ten en cuenta el contexto

El contexto en el cual nos expresamos influye (y mucho) a la hora de recoger eso que hacemos con o sin sacrificio. Así, puede que sea un buen comunicador y me encante dar conferencias, pero no me guste dar clase. O puede que me guste dar clase a niños, pero no a adolescentes.

Es decir: las mismas habilidades expresadas en contextos diferentes pueden hacer que esa actividad se convierta en algo no deseable.

Muévete mucho hasta dar con aquellos contextos donde no solo no te sacrificas, sino que también disfrutas.

Ah! Recuerda que el tiempo que le dedicas a esa actividad también influye. Puede que te encante cocinar, pero: ¿estarías cocinando 14 horas al día?

3# Ten en cuenta siempre  “a quién sirves” con lo que haces

¿Quién se beneficia de esa actividad que estás llevando a cabo y que te exige un sacrificio? En mi experiencia he comprobado que si la causa final a la que sirves con lo que haces no está alineada con tus valores, entonces te exigirá un sacrificio.

Por ejemplo: puede que te encante la negociación y al mismo tiempo te consideras una persona pacifista. ¿Cómo te sentirías si te contratase una presa de armas para vender una partida de bombas con puntero láser a una dictadura? 

Para eliminar el sacrificio de tu vida deberás pensar siempre, a cada instante: ¿A quién sirvo con esto que estoy a punto de hacer? ¿Está alineado conmigo?

4# Amplía el marco

Lo sé, lo sé… Hay veces que hay que llevar a cabo tareas en la vida que nos exigen sacrificio y no hay manera de obviarlas. Por ejemplo: limpiar la casa.

En estos casos te explico la fórmula para realizar esas actividades pero sin sentimientos de sacrificio. ¿Lista/o?

Amplía la foto. Comprende el fin último de esa acción. Comprende el porqué de esa tarea.

Así, personalmente limpiar mi casa no es a priori una actividad que me entusiasme (todo lo contrario). Aún así siempre pienso: me gusta estar en mi casa cuando está limpia y recogida; así me trabajo mejor y disfruto más las horas que paso en ella (muchas).

Una vez que comprendo bien que fin último persigo con esa acción, entonces me pongo manos a la obra sin sacrificios.

Eso sí: si no encuentro una buena razón para hacer algo, entonces no lo hago.


Una última reflexión


Eres sabio. Eres sabia.

Utiliza estas reflexiones como una posible forma de moverte a un lugar donde cada día todo tenga más sentido para ti. No se trata de que dejes de lado nada que sientes que tienes que hacer (aunque no quieras); al menos no de la noche al día.

Piensa que la vida no siempre te da lo que quieres, aunque siempre, siempre, te da todo lo que necesitas para aprender y evolucionar como ser humano. Los sentimientos de sacrificio, igual que cualquier otro sentimiento negativo, están ahí por algo. Úsalos. Aprende. Decide. ¡Y no dejes de aportar tus comentarios en este post!

Feliz vida.

8 Comentarios

  1. hector

    Qué complicado es esto de ser humano! Cuántas veces uno oye (o dice) eso de “me sacrifico por esta persona, por el equipo, por este objetivo”… y piensas que es la opción correcta, la ética. Pero luego resultas estar negándote un poquito de esa felicidad que te pertenece. Puedes plantearte como opción disfrutar de un “sacrificio”? Intentar disfrutar de hacer algo que no te aporta nada interesante por el efecto que buscas conseguir en otro tiempo, otra persona? Ahora que vengo de leer sobre ser una persona ética, entiendo que siempre caeremos en el error de no mimar nuestra felicidad, pero cuántas veces no pensamos en esa “felicidad futura”, “supuestamente merecida”?

    Responder
    • Iván Ojanguren

      Hola Héctor!
      Veo que el artículo te ha dado para pensar… ¡bien! 🙂

      Mira, te cuento mi opinión: el sacrificio es algo profundamente subjetivo. En ocasiones tendrás que dejar de hacer algo para no sacrificarte, cierto; aunque es posible que, otras veces, no tengas que dejar de hacer algo para no sacrificarte, sino que tendrás que hacerlo “desde” un sitio diferente.

      Así, tal vez haya cosas que ahora te cuesten mucho esfuerzo aunque ampliando el marco y la consciencia sobre esa tarea, puede que le encuentres mucho sentido ya que te reporta algo importante en tu vida como consecuencia de hacerlo; y entonces: magia. El sacrificio se desvanece.
      Estoy pensando en tareas diarias del tipo limpiar el WC, llevar mi contabilidad de ingresos y gastos, etc. No son tareas que me apasionen pero sé que son tremendamente útiles y necesarias para que mi vida en conjunto goce de buena salud y procuro no sacrificarme nunca haciéndolas.

      Este artículo es sobre todo un grito rebelde contra esa manera de pensar en la que parece que el sacrificio “es bueno”, o que solo tendrás cosas buenas “si te sacrificas”. El sacrificio NO ES DESEABLE en ningún caso.

      Muchas gracias por tu aportación, Hector!!

      Un fuerte abrazo y a por ello 🙂

      Iván

      Responder
      • Savannah

        Hola:
        Que interesante son esta lectura y los comentarios! Creo que ciertamente todo es subjective y como sabiamente me comentaba un psicologo, amigo, quitandole, todo lo malo, solo te queda todo lo bueno! Osea todo depende en que manera estes viendo la situacion, con que “co-dependencia” y con que apego le tengas a las personas y circunstancias. Y si hay algo que aqui dijeron es que esta vida es media “complicada”asique hay que saberla vivir, llevar, y sobre todo no hay que tomar nada muy en serio. Yo he aprendido a la manera mas CRUEL que a los humanos hay que “apreciarlos” de lejitos y de hayi se ven muy bonitos porque tenlo por seguro que SIEMPRE haran algo para robarte la paz y siempre te van a defraudar. La biblia dice el dia q te encuentres un AMIGO es como que te encuentres una aguja en un pajar: que dificil sera eso porque ni en la Iglesia se encuentras Cristianos. Asique como sabiamente decia mi abue, yo soy amiga pero no tengo amigos. La felicidad vive en nosotros porq si la esperamos encontrar en un humano: nos quedaremos esperando por toda una eternidad. No obstante, siempre hay sus parejitas que se encuentran su media mitad que viven enamorados eternamente: pero bueno encontrarse eso sera una vez al siglo. Yo conoci a unos señores por 20 años q eternamente vivian el uno para el otro y yo vivia enamorada de verlos a ambos como se cantaban el uno al otro en el elevador, Wow, como si el mundo se paraba en ese momento. Yo creia que si era posible darme una oportunidad y al segundo me desencantaba cuando veia a los “caballeros” sobre la Market caminando.😊 Y menciono esto porque se habla del sacrificio y es verdad ningun sacrificio lleva a la felicidad cuando hay a otro humano en esa equacion si la manera de pensar de uno es esperar una recompensa.

        Responder
        • Iván Ojanguren

          Hola Savannah!

          Vaya! Veo que el artículo también te ha dado para pensar 🙂

          Una reflexión importante sobre lo que dices de que “…los humanos harán algo para robarte la paz y siempre te van a defraudar”.

          Mira, yo tengo una manera de ver a las personas que me ayuda profundamente y la comparto contigo, por si te ayuda: pienso que cada persona actúa a cada instante como mejor puede/sabe dadas sus propias circunstancias.

          Así, si alguien se comporta conmigo de forma, digamos, poco hábil, pienso dos cosas:
          1) Nada puede hacerme daño. Así, nadie puede robarme nada. Nadie puede robarme la paz ni mi estado de ánimo. Tal vez desearía que te comportases conmigo de otro modo, pero eso no implica que yo proyecte mis propias expectativas sobre ti y me “enfade” o perturbe si no haces lo que entiendo que tienes que hacer.

          2) Compasión. Si alguien se comporta de un modo que no apruebo, lo primero que siento es compasión. Compasión porque sé que esa persona ha hecho lo que ha creído más sensato. Total: si no me gusta lo que hace, simplemente dejo que no me afecte y me alejo. Punto.

          Recibe un saludo y gracias por tus aportes!

          Iván

          Responder
  2. Michelle

    Me encantó el artículo. Tal vez porque también es lo que necesitaba escuchar ya que pienso de forma similar en este momento. Lo que pasa es que cuando uno piensa en que no debe abandonar su felicidad a pos de una mejora futura qie no se sabe si pasará o no, uno se siente culpable y egoísta y además asi lo tachan los demás también… Cómo se puede hacer para ser dueño de tu felicidad y merecedor de ella sin que nada más te influya? Un saludo!

    Responder
  3. Verónica

    Hola. Estoy de acuerdo, creo que los procesos tienen que ser naturales y que si por ejemplo estás estudiando una carrera o haciendo un trabajo no tienes que vivirlo como un sacrificio.

    Tienes que tener curiosidad, interés por lo que haces y ganas de aprender.

    De hecho es muy fácil darse cuenta cuando estás fuera de lugar porque verás que los que te rodean sí tienen ese interés (a mi me pasaba en mi carrera).

    Aunque por otro lado también creo que hay una línea muy fina entre la sensación de esfuerzo y la pereza, al menos en mi caso. Pero bueno, sí que es verdad que cuando vences la pereza y te pones en marcha, la sensación es muy diferente cuando haces algo que te gusta que cuando no.

    Supongo que no hay que confundir valores necesarios como la perseverancia, la determinación, la constancia,… con esfuerzo y sacrificio.

    Un saludo.

    Responder
    • Iván Ojanguren

      Muy buenas Verónica!

      Gracias por aportar a la comunidad con tu comentario 🙂

      Suscribo todo lo que dices. Siempre he creído que los sentimientos de sacrificio son una señal que hay que escuchar; algo que te está diciendo que tienes que bien dejar de hacer eso, bien hacerlo de forma diferente o bien seguir haciéndolo desde un lugar diferente.

      El mundo necesita más personas con ganas de hacer cosas, con ganas de ayudarse a sí mismos a través de ayudar a los demás dedicándose a aquello en lo que brillan. Como bien dices, una vida sin esfuerzo es perfectamente compatible (deseable!) con tener tu agenda llena de tareas con las que deberás armarte de motivación y determinación para llevarlas a cabo 😉

      Un fuerte abrazo!

      Iván

      Responder

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