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APRENDER DISFRUTANDO – Elisa Beltrán (La extraordinaria vida de la gente corriente)

Escrito por: Iván Ojanguren
Publicación: septiembre 12, 2020

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¿PARA QUÉ EDUCAMOS?


¿Para qué educamos? ¿Para qué existen las escuelas? Menuda perogrullada de pregunta, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad; es esta una pregunta fundamental ya que su respuesta puede provocar que enfoquemos la enseñanza desde diferentes perspectivas.

Si consideramos que el principal objetivo del Sistema Educativo es crear ciudadanos felices capaces de vivir en sociedad y a su vez que ayuden a mantener dicha sociedad, a mejorarla y a garantizar su supervivencia, ¿estamos realmente cumpliendo con este cometido?

Nuestra protagonista y profe de primaria siente que hace falta un cambio de paradigma en la educación; Elisa, sabe que debemos conseguir todo lo que se espera del sistema y, además, hacerlo de una manera inclusiva desde el disfrute y la emoción, creyendo en los niños y trabajando desde los intereses y la mente del que aprende.

 


APRENDER Y DISFRUTAR


Aprender y disfrutar, ¿es posible? ¿Es posible tan si quiera poner estos dos verbos en la misma frase?

Elisa Beltrán lo tiene claro: el aprendizaje debería ser algo divertido, algo mágico. “Yo siempre les digo a mis compañeros: los niños no nos recordarán por lo que les enseñamos, nos recordarán por cómo fuimos con ellos y cómo conseguimos emocionarles y despertar su interés”.

Y es que ir a una clase con Elisa es una aventura: nunca sabes lo que va a suceder. Tal vez proyectará unos vídeos en la pared, o fomentará el trabajo en equipo; puede que haya trabajo individual, que se use tecnología, o algún tipo de gamificación, pizarra, acertijos, música… Elisa sabe que cada persona tiene sus tiempos y sus modos de aprender y que hay que explicar lo mismo de varias formas  diferentes para sí asegurarse de que la enseñanza llega a todos por igual.

Con los alumnos de Elisa (2º de primaria) el día que asistí a a su clase todo un día en el año 2019

Soy de esa generación criada en colegios con educación segregada (solo chicos), con un altísimo contenido doctrinario y cuyo único fin era conseguir un alumnado disciplinado, aplicado, obediente y “útil” en la sociedad. Cómo me sentía, qué me gustaba, qué fortalezas tenía o cuáles eran mis tiempos de aprendizaje nunca fueron del interés de aquel sistema. 

Conociendo a Elisa supe que hay esperanza: existe un movimiento maravilloso de profesoras y profesores que comprenden la educación desde este punto de vista más holístico: educar para formar personas felices capaces de desenvolverse en sociedad, educar para hacer PERSONAS -con mayúsculas- que se sientan realizados como individuos viviendo en sociedad.

Un movimiento que no solo trabaja las debilidades, sino que también refuerza y prima las fortalezas. Un movimiento que enseña desde el cerebro del que aprende, dándole mucha importancia a la emoción positiva durante el aprendizaje para fijar conceptos y garantizar la salud emocional de la persona.

Un movimiento que sabe que la educación no termina en el aula y que continua en casa en y todos los contactos sociales, del tipo que sean, que el alumno tiene en su vida. Un movimiento que cree ciegamente en todos los alumnos y en su capacidad para aportar un valor único, y que sabe que el contenido curricular es tan solo una parte de todo lo que un ser humano puede llevar a cabo.

La clase de los alumnos de Elisa en el año 2019: frases inspiradoras, elementos manipulativos, trabajo en grupo… ¿A quién no le hubiese gustado pasar 2 años de su vida en este aula?

Cuando Elisa termina su jornada en el cole, comienza la segunda parte: hacer balance del día y preparar la clase del día siguiente acorde con lo que ha sucedido ese día en el aula; además, también sigue en contacto directo y diario con los padres y madres, ayudándoles en su día a día: “Los padres y yo somos un equipo: todo lo que sucede en casa afecta al aula, y al contrario; por eso siempre estoy al otro lado para lo que necesiten”.

Debo confesar que me emocionó presenciar la auténtica devoción que los alumnos de Elisa sienten por su profe, por ejemplo cuando al final del día van todos en tropel a abrazarla -esto, claro, antes de la pandemia del covid- o cuando una de las madres de me dijo: “mi hijo Pedro odiaba ir al colegio… Pero comenzó a ir feliz gracias a Elisa”. Solo por esto último, Elisa, ¡ya tienes el cielo ganado!

Yo entrevistando a Elisa durante el confinamiento por el covid-19 en el 2020. La entrevista está disponible a través de mi libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”

 


ENTONCES, ¿QUÉ ES EDUCAR?


¿Sabes? La educación no es simplemente elegir un colegio con buenas instalaciones o con notas medias altas. 

Educar no trata de considerar a las personas como vasos vacíos que hay que llenar, sino de verlas como semillas a las que hay que proporcionar las condiciones necesarias para que germinen.

Educar tampoco trata de memorizar respuestas a preguntas que ya están formuladas; trata más bien de fomentar la resolución práctica y creativa de problemas reales desde las habilidades naturales de cada uno. Educar no trata de centrarse en poner límites; al contrario: trata de dar el espacio suficiente para que la persona pueda conocer sus talentos, virtudes y aspiraciones, a la par que le dejamos explorar y tomar sus propias decisiones. Educar, pues, no trata de dar órdenes; trata de exponer a la persona a nuevos retos y experiencias facilitando entornos de ensayo y error seguros y controlados.

Así, educar no trata de decir el «ya te lo dije» cuando se cometen errores, sino de confiar y ayudar a tomar la siguiente decisión que la persona considere más coherente. No olvidemos que esta es la base para que se conviertan en ciudadanos autónomos y responsables de sus actos. En este sentido, educar no consiste en evitar que la persona se caiga; consiste más bien en ayudar a que se levante. 

Así, educar tampoco trata de imponer lo que está bien o está mal, sino más bien de inspirar y ser un ejemplo en todo aquello que quieres que la otra parte tenga en cuenta, sea tu hijo, amigo, vecino o incluso un desconocido; y esto, definitivamente, es algo que empieza en las pequeñas acciones del día a día desde que nos levantamos. 

Necesitamos a muchas personas apasionadas con aquello que hacen, personas empeñadas en marcar una diferencia y aportar mucho valor en el contexto en el que actúan. Si hay algún sector donde esto urge es claramente la educación. Si conseguimos poner medios y conciencia en los métodos y objetivos en este campo mientras permitimos a personas como Elisa liderar el proceso, estoy convencido de que el futuro a medio plazo será un mundo donde quepamos todos.

Un mundo donde todos nos beneficiemos del talento de cada individuo. 

Un mundo donde cada individuo se sienta realizado viviendo en sociedad.

¿Ayudamos a Elisa a crear ese mundo?

La historia de Elisa, su filosofía e historia de vida y de cómo forjó su amor por la enseñanza la cuento con todo detalle en mi último libro “La extraordinaria vida de la gente corriente”.

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