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El FRACASO no existe

Escrito por: Iván Ojanguren
Publicación: agosto 29, 2019

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“Fracasar” no estará en tu vocabulario después de leer esto


¿Cuándo utilizamos la palabra “fracaso”?


Estamos acostumbrados siempre a hablar en términos polarizados del tipo “bueno” o “malo”, “rico” o “pobre”, “me gusta” o “no me gusta”, “sirve” o “no sirve”, “guapo” o “feo”, “éxito” o “fracaso”.

La vida, en esencia, es compleja y está cargada de matices. Estos matices son precisamente los que enriquecen nuestra existencia y también, los que nos permiten reflexionar y evolucionar en nuestro día a día.

Así, la primera reflexión que quiero trasladarte es: cuidado con moverte siempre en términos extremos ya que te puedes estar perdiendo parte (o la mayoría) de lo que está sucediendo.

Ahora, volvamos a nuestro tema.

El fracaso, independientemente del contexto, consta por lo general de dos partes:


  1. Hacemos algo y no obtenemos los resultados que esperamos.
  2. Nos sentimos mal por ello.

En ocasiones incluso me he cruzado con personas que se sienten fracasadas en algún aspecto vital sin ni siquiera “hacer” nada; simplemente esperaban que algo sucediese y sucede lo contrario. Por ejemplo: pensar que vas a seguir en tu empresa y te despiden (¡¡fracaso!!), o creer que vas a estar con tu pareja para siempre y te deja (¡¡fracaso!!).

Me estoy llevando las manos a la cabeza en este momento.

Mira, sentirte mal por no obtener los resultados que esperas es legítimo y respetable… aunque poco hábil.

Sigue leyendo.

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Destripando el significado de “fracasar”


Como te comentaba antes, “fracasar” consta de dos partes bien diferenciadas.

 Parte 1#: no obtenemos lo que deseamos

¿Sabes? Cuando realizo cualquier tipo de actividad con un propósito concreto, nunca pienso en términos de “éxito” o “fracaso”; más bien pienso en términos de información o feedback que obtengo a raíz de eso que he hecho.

Así, si no obtengo lo que esperaba pienso: ¿qué es lo que se me ha escapado? ¿Qué puedo hacer diferente la próxima vez? ¿Quién puede echarme una mano?

Cuentan que Thomas Edison cuando estaba mejorando la composición de la bombilla para hacerla más duradera, eficiente y comercialmente viable, falló varios cientos de veces probando diferentes tipos de filamentos hasta dar con el adecuado. Me encanta su filosofía relativa a este proceso: “No fueron mil intentos fallidos, fue más bien una tarea que llevó mil pasos”. Cada paso le acercó a su meta final, descartando lo que no funcionaba y perfeccionando aquello que le acercaba a su objetivo.

En este sentido, todo lo que haces, todo, siempre tiene una consecuencia valiosa: información. Información que puedes utilizar para hacerlo de nuevo con más probabilidades de obtener lo que esperas. En este sentido, la información es aprendizaje y el aprendizaje siempre positivo.

Conclusión: tras cada acción, o ganas o aprendes; o ganas o ganas.

Parte 2#: nos sentimos mal

Soy de los que piensa que los momentos que recogemos como más negativos o perturbadores son de los que más podemos aprender. Así, cada vez que me siento mal, pienso: ¿qué me está tratando de decir esto que siento? ¿Qué necesito comprender más y mejor? En este sentido, te animo a que utilices ese sentimiento (a priori negativo) para tratar de aportar consciencia y recursos a ese momento particular.

Además, hilando con el punto anterior: si siempre obtenemos información y aprendizajes valiosos (independientemente del resultado que esperaba), ¿por qué demonios debemos sentirnos mal? ¿Acaso hay algo de malo en aprender? 

Otra reflexión que tal vez te ayude: ¿qué sentido tiene frustrarse por no tener toda la información del universo de modo que todo lo que hagas te salga exactamente como esperas? Te recuerdo que eres un ser humano y no algún tipo de ser omnisciente y omnipotente 🙂


 ¿y si pudieras no fracasar… JAMÁS?


Ahahá. Aquí he captado tu atención.

Amigos, dejas de fracasar el día en el que te comprometes a hacer todo lo que tienes que hacer desde la consciencia y el convencimiento de que eso que haces es siempre lo mejor que puedes dar en cada momento, dadas las circunstancias, tus habilidades y la información que manejas en ese preciso instante.

Cuando todo lo que haces lo llevas a cabo desde ese lugar consciente, comprometido y elevado, el fracaso deja de existir. Simplemente desaparece del mapa. 

Claro, es que no había manera posible de haberlo hecho de otro modo. No tiene ningún sentido hablar de “fracaso” cuando has dado el 100% en esa decisión o acción.

Bajo esta perspectiva “fracasar” es solo una elección mental. La pregunta que te hago es: ¿te ayuda de algún modo el hecho de que creas que puedes “fracasar? ¿Qué te da más herramientas y recursos? ¿Qué te hace salir ahí fuera y tener ganas de comerte el mundo? ¿Qué prefieres creer? 

Eso sí, si las cosas no salen como esperas entonces aparece la magia del aprendizaje. La magia del: “Aaaaahhhh, entonces es que así no es, voy a tratar de comprender la situación desde esta otra perspectiva”.

Mira, las cosas que te pasan, te pasan por algo. Siempre hay margen de aprendizaje en todo. Sin excepción.

Así, no solo aprendes cuando las cosas te salen como esperas, también aprendes y te desarrollas como ser humano en aquellas situaciones que recoges como “fracaso”: significa que, en eso que estás tratando de hacer o conseguir, todavía tienes rango de mejora, ¿no es genial?

Un fracaso te empuja a aprender, a evolucionar. Y evolucionar es justo lo que nos hace humanos durante toda nuestra vida.

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Herramienta# No dejes espacio para el fracaso


1# Comprométete a hacer todo siempre desde tu “yo” más elevado

Antes de lanzarte a la acción, deberás responder de manera afirmativa a estas preguntas:

  • ¿Estás teniendo en cuenta todas las variables que conoces en este momento?
  • ¿Sientes que dadas las circunstancias, el contexto, tus habilidades y la información que manejas, lo que estás a punto de hacer responde a tu mejor intento?

2# Comprométete con la acción al 100% sin pensar en el resultado

Centrando toda tu atención en lo que estás haciendo sin apegarte a los resultados tiene ventajas:

  • Dar lo máximo sin tener distracciones.
  • Recibir la máxima información posible durante la ejecución de dicha actividad.
  • Disfrutar y vivir al máximo lo que estás haciendo.

3# Comprométete a aprender cuando algo no sale como esperas

Independientemente del resultado, piensa:

  • ¿Qué he aprendido?
  • ¿Qué puedo hacer para que las cosas salgan mejor la próxima vez?
  • ¿Qué me está tratando de decir esto que estoy sintiendo?

2 Comentarios

  1. Alex

    ¡Me encanta tus artículos! En este en concreto tengo una duda, ¿y que pasa cuando el “fracaso” es no tener ningún objetivo?. Partiendo de la base, de que ni está mal ni está bien, solamente “es” pero te frustra. (léase frustración por la necesidad de un objetivo, aunque no tenerlo también esté bien).

    Saludos!

    Responder
    • Iván Ojanguren

      Muy buenas Alex!

      ¿Cómo te encuentras? Me encanta verte por este espacio 🙂

      Mira, varias cosas. Lo primero: un sentimiento de frustración a priori no tiene por qué tener relación con “el fracaso”. Ahora bien, puede que en tu caso lo estés relacionando… somos así de complejos.
      Lo segundo: un sentimiento de malestar es información (hay algo que te está tratando de decir); también es energía y empuje que, canalizándola en la dirección adecuada, puede hacerte pivotar a un lugar deseado.
      Tercero: piensa, ¿qué quiero en lugar de estar frustrado (o en tu caso, “fracasado”)? ¿cómo puedo conseguir esa sensación contraria a la frustración? Si no te sale nada, puede seguir preguntándote: ¿alguna vez me he sentido bien? ¿cómo lo notaba? ¿qué puedo hacer hoy para sentirme así dadas mis circunstancias actuales?

      Espero haber contestado a tu pregunta Alex! Sigo pendiente 😉

      Abrazos!

      Responder

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